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El senador Javier Arenas.- EFE

perfil Javier Arenas repite como senador

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Moreno renueva para el Senado al eterno Arenas, quien ha perdido buena parte de su influencia en el PP nacional y busca acomodo en Andalucía

Política

Javier Arenas, a los 61 años, cumplidos en diciembre del año pasado, peina unas canas espléndidas. Relucen al sol que calienta, aun en invierno, las zonas de luz del Parlamento de Andalucía. Allí acudió el miércoles pasado para pasar, sí, un examen: el de idoneidad como senador por la comunidad autónoma. Se sentó frente a sus interlocutores de todos los partidos con ademanes reflexivos y desplegó su natural simpatía. “Mi nombre, como saben, es Javier Arenas. Sobre todo, me considero un andaluz de los pies a la cabeza”, dijo.

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Arenas es un tipo de aire florentino, exquisito, que cuida las maneras, el buen trato y que enarbola a cada paso la bandera del respeto personal. Un hombre que antes de hablar, piensa, un hombre que suelta las palabras, incluso en los peores momentos, en medio de las tensiones, con cierta precisión y calidez humana.

Así sucedía, por ejemplo, con el expresidente de la Junta Manuel Chaves, su gran némesis política, a quien nunca logró tumbar en la lona electoral. Incluso en medio de las grandes refriegas en las que ambos estuvieron metidos a lo largo de 20 años, algunas de las cuales aún colean, hubo, siempre que se hizo necesario, un espacio para hablar de los asuntos de calado, como ha reconocido el propio Chaves en privado en alguna ocasión. “Entre las discrepancias y los debates partidistas y electorales, siempre debe existir un espacio para el entendimiento”, dijo también Arenas el miércoles pasado.

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La simpatía de Arenas es un rasgo que todos, que todas, también quienes se las han tenido más tiesas con él a lo largo de los años, le reconocen. Nombrar a Arenas, pedir una opinión sobre él, suele empezar con una risa o una sonrisa. Se cuenta de él decenas de historias, de anécdotas, algunas de las cuales entran de lleno en el territorio de la leyenda. El tipo, no hay duda, cae bien.

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“Cuidado con Javier, que en un ladrillo te hace un regate. Es como Messi”, afirma a Público alguien que lo conoce y le quiere bien y que, a pesar de ello, ha preferido que su nombre no salga en esta crónica. Arenas tiene también su filo. Arenas también corta. Casi cuatro décadas en la vida política sevillana, andaluza y española, desde la transición hasta hoy, dan para mucho. En las guerras políticas de estos tiempos muere -de manera metafórica- gente, y Arenas ha estado en guerras de todos los colores.

Y nunca, si hacemos caso a quienes le conocen, va a dejar de estar en ellas. “Sin ese juego de florete, sin la política, no puede vivir”. “La política le gusta mucho. Se levanta por la mañana y él tiene que estar en la política  hasta en las vacaciones. Tiene el virus de la política. Es para él una pasión”, resume su amigo.

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Bárcenas y la Gürtel

Arenas ya no es el que fue. Su etapa de esplendor terminó hace varios años. Su decadencia se inició en paralelo a las revelaciones del caso Gürtel y a la apertura de hostilidades, más o menos subterráneas, con la entonces secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, su enemiga íntima, quien siempre, conocedora de las habilidades de Arenas, lo marcó de cerca, con un supuesto intento de espionaje incluido.

Él, Arenas, ha tocado casi todos los palos, ha participado en la confección de casi todas las salsas en el PP. Fue él quien en numerosas ocasiones, en los años posteriores a que se empezaran a conocer los escándalos, en los tiempos en que los casos de corrupción se amontonaban, mientras la Gürtel carcomía el partido, y quebraba amistades y confianzas, escuchaba, según diferentes crónicas periodísticas, las quejas de Luis Bárcenas, el extesorero, su amigo, hoy en prisión. “Rajoy lo mantuvo ahí por dos razones, porque le era útil aún por sus contactos y porque lo sabía todo”, analiza uno de sus rivales políticos de aquellos años.

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Javier Arenas y María Dolores de Cospedal. EFE

El ascenso de la nueva generación en el PP, que ha culminado en la elección de Pablo Casado como presidente, ha terminado por arrinconar la influencia de Arenas, que pervive aún en algunos lugares de Andalucía, sobre todo en Sevilla. “Él está buscando su acomodo dentro de Andalucía. Y tiene su influencia. Él ha conseguido meter gente: Jaime Raynaud, Antonio Sanz, Patricia del Pozo, en el Gobierno”, reivindica su gente.

Nadie sabe todo lo que sabe Arenas. Y él, experto tahúr del Guadalquivir, siempre  va a intentar que nadie lo sepa

Hay también en su partido quien ve a Arenas de otra manera, como un representante de una etapa antigua, pasada, a poner en cuarentena, un periodo que cuanto menos se menee mejor, porque la corrupción es una de las causas principales, sino la fundamental, de la sangría de votos del PP hacia Ciudadanos primero y hacia Vox después. Arenas está, por tanto, hoy en relación con la política nacional, podría decirse, en un periodo de mantenimiento en Sevilla.

Nadie sabe todo lo que sabe Arenas. Y él, experto tahúr del Guadalquivir, siempre va a intentar que nadie lo sepa. El embrollo, la media verdad, el contraluz, son territorios en los que se maneja con extrema solvencia, como un crupier en Las Vegas. La Gürtel lo manchó, dañó su prestigio, su reputación, pero no acabo con él. Ahí está otra vez. De nuevo senador. Vivo y coleando. “Arenas es un tío muy listo, muy cuidadoso”, afirma su amigo. “Ha recuperado cierto protagonismo, cuando lo daban por desahuciado”, añade.

Lo cierto es que está a punto de coger otra vez el AVE -un espacio en el que le gusta viajar cómodo, con todos los diarios desplegados sobre la mesa- en un eterno viaje de ida y vuelta a Madrid en el que habita desde que llegó a la política nacional, hace varias décadas. “Soy andaluz y ejerzo de andaluz, soy de Olvera (Cádiz), aunque nací en Sevilla. Un olvereño de Sevilla, un sevillano de Olvera. Siempre he vivido en Andalucía, nunca he vivido fuera de Andalucía. Desde la etapa más apasionante de mi vida política, que fue la de concejal en el ayuntamiento de Sevilla, hasta las etapas ministeriales, siempre seguí viviendo en Sevilla”, dijo Arenas este miércoles.

No perder de vista el centro

¿Qué tiene hoy en la cabeza Arenas a sus 61 años? ¿Qué le preocupa a un hombre que lo ha sido casi todo -vicepresidente del Gobierno, secretario general del PP-, que conoce y comprende como pocos en España los resortes, la lógica del poder? Sus amigos dicen que, sobre todo, le tiene a maltraer una cosa: el PP.

“Javier está preocupado por la estructura interna del PP. Se tiene que consolidar Casado”, analiza una fuente del partido que ha podido conversar con él en los últimos tiempos. “Antes era todo campo electoral, y ahora se reparte entre tres. Está sorprendido por el tema de Vox. Ni él ni nadie, ni el mismo Abascal, que creía que iba a tener dos o tres diputados, se lo esperaba. Ahora mismo el PP se puede encontrar a nivel nacional lo mismo que Moreno aquí. Pudiera ser Casado presidente con el peor resultado histórico del PP”.

"Arenas no quiere que el PP pierda de vista el centro. El PP no puede cambiar su mensaje en función de los empujones de Vox"

Prosigue: “Todo eso va a depender mucho de las elecciones de mayo, si se reproduce el esquema de Andalucía, ese gobierno tripartito se consolidará. El voto de Vox viene del PP. Hay gente en el PP que ve que Vox es un estorbo. Ahora. Había quien quería que saliese un Vox para quitarse lastre. Pero cuando aparece Vox ya está Ciudadanos”, añade. “Él, Arenas, no quiere que el PP pierda de vista el centro. El PP no puede cambiar su mensaje en función de los empujones que pegue Vox”, remacha.

No deja de tener su gracia que el día de la toma de posesión de Moreno todo el mundo, o bien le dijo o bien le quiso decir a Arenas alguna versión de esta idea: "¡Manda huevos que tú con 50 escaños no fueras presidente y este, Moreno, con 26, ¡ahí lo tienes!" Él se lo tomaba con humor. 26 escaños precisamente fue la cifra que obtuvo el PP en las elecciones de 1990, tres años antes de que Arenas llegara a la presidencia en Andalucía, en sustitución de Gabino Puche, en 1993.

Un año después, en 1994, el PP subió de 26 a 41 diputados. “Lo hizo centrándose. Centrados en Andalucía fue el eslógan. Se trataba de cambiar esa imagen de derecha, derecha, en los pueblos. Sentimentalmente, la Andalucía del interior está más cerca de la izquierda que de la derecha. Para eso, quien lo dice tiene que ser tan creíble como el mensaje. Y sigue siéndolo. Javier sigue siendo un tío de centro”, afirma la fuente. “A Javier le preocupan los radicalismos”, agrega.

El propio Arenas expresó así esta idea en el Parlamento de Andalucía este miércoles: “Creo en el Estatuto, en la Constitución Española. Fueron dos grandes ejemplos de por dónde debe conducirse la política. La política es una buena herramienta cuando tiene como consecuencia alcanzar acuerdos. Yo soy muy partidario de las reformas pactadas y graduales. No creo en otro tipo de reformas”.

El PP de Andalucía, su obra

La mayor parte de la vida adulta de Arenas ha estado dedicada a construir el PP en Andalucía, a conformar la red que hoy es, a introducirlo en los pueblos, donde el recuerdo de la represión franquista, de la dictadura, estaba fresco, a convertirlo en un partido interclasista, su gran empeño, al que pudieran votar las clases trabajadoras.

A Arenas le ha perseguido durante buena parte de su vida política una fotografía, una en que un limpiabotas le limpia los zapatos en un hotel mientras él, sonriente, lee el diario. Cada vez que había una campaña electoral, esa estampa, de una u otra manera, aparecía. Fue letal para el PP y su líder durante muchos años, porque le recordaba a los andaluces y andaluzas otras etapas, de dominación, en las que unos eran más que otros. El señorito Arenas en el Palace.

"La única vez que el PP se lo creyó fue en  las autonómicas de 2012 con Arenas"

Pero al final llegó incluso el día en que logró algo que no ha conseguido nadie, ni antes ni después, ganarle unas elecciones autonómicas al PSOE en Andalucía. Fue en 2012, su rival ya no era Chaves, sino su sucesor, José Antonio Griñán, y, paradójicamente, supuso el golpe más duro de su carrera política porque no pudo gobernar. Una coalición de PSOE-IU fue la que ocupó San Telmo.

“La única vez que el PP se lo creyó fue en el 2012 con Javier Arenas. Génova siempre pasaba de Andalucía, solo les interesaban los resultados en las generales. Vais a estar toda la vida en la oposición, nos decían”, aseguran fuentes del PP. “En aquel momento Arenas se creyó también que iba ser el presidente. Fue una decepción personal. El mismo día de las elecciones, manejaba los últimos datos y le decían que sí”, aseguran las fuentes.

A pesar de la derrota y de las decisiones precipitadas que tomó después, fruto de la desilusión, como ubicar a Juan Ignacio Zoido, que no quería, al frente del partido, este es, con seguridad, el gran legado de Arenas a la derecha española, su obra maestra: la existencia de un partido de derechas bien arraigado en Andalucía, una tierra tradicionalmente maltratada por el poder. Esto mismo se puede decir hoy en otros términos: Moreno es hoy presidente de la Junta de Andalucía, entre otras razones, gracias al trabajo de Arenas.

“Conozco Andalucía muy bien. Conozco el 93-94% de los municipios de Andalucía. En la mayoría de ellos tengo amigos de mi opción política y de otras opciones. La verdad es que cada vez me ha ido apasionando más Andalucía”, dice Arenas.

El senador y presidente de honor del PP-Andalucia, Javier Arenas (c-i), saluda al líder del PP-A, Juanma Moreno, en el Parlamento andaluz que acoge el debate de investidura. EFE/José Manuel Vidal

Moreno y Arenas

La relación entre ambos, entre Moreno y Arenas, ha pasado por varias etapas. La realidad cruda, hoy, es que Arenas ha conseguido esta prórroga en el Senado porque Moreno ha querido. “Él está contento y agradecido. Le gusta el Senado también. Si no le hubieran revalidado se hubiera quedado fuera de todo. Eso tampoco es. Ahí va a jugar y si le hacen caso en algunas cosas, les irá mejor”, dice su amigo.

Moreno es hoy lo que es, presidente de la Junta de Andalucía, el primero de derechas, en buena parte por los empujones que le dio Arenas en diferentes etapas. Fue presidente de Nuevas Generaciones en Andalucía y luego en España por la influencia de Arenas. Y, cuando quedó claro que la apuesta por Zoido había fallado, que no quería presentarse a las autonómicas, Arenas aceptó que fuera Moreno su relevo. “Lo que es hoy es en gran parte por Javier. Por eso, Moreno le ha dado cancha”, afirman en el PP.

"Moreno no es tonto. A  Javier es mejor tenerlo  de amigo que  de enemigo. Va a estar. Va a ayudar"

No fue Arenas quien puso a Moreno en Andalucía, según las fuentes consultadas, sino que la jugada se gestó en Moncloa, en una operación orquestada al alimón entre Jorge Moragas, a la sazón jefe de gabinete del presidente Rajoy, y Soraya Sáenz de Santamaría, la entonces vicepresidenta, a la que Arenas se allanó. En Andalucía se hablaba de dos nombres, José Antonio Nieto y José Luis Sanz. Cospedal, en ese momento secretaria general del PP, apostó por Sanz, pero Rajoy dio su visto bueno a la apuesta de Moragas y Sáenz de Santamaría. Luego, Rajoy en el Congreso que eligió a Moreno le dijo aquella frase: “Lo deseabas intensamente. Tú lo has querido”. Y le puso los deberes: “El reto es San Telmo (sede la presidencia de la Junta)”. Cinco años después, Moreno, contra pronóstico, lo ha logrado.

Hoy, Arenas, está dispuesto a hacer lo que haga falta para ayudar al presidente de la Junta de Andalucía a renovar. “Moreno no es tonto. A Javier es mejor tenerlo de amigo que de enemigo. Javier va a estar, se va a centrar en Andalucía. Va a ayudar bastante a Moreno. Si Javier se pone en contra, malo, pero está a favor, dispuesto a colaborar con todo y muy centrado en Andalucía”, dicen las fuentes del PP andaluz.

La agenda de Arenas solo Arenas la conoce y va a estar al servicio de Moreno. “Mi tierra, mi pasión, mi vida es Andalucía. En política se está para servir. Soy un ferviente admirador de los concejales. Son el mejor ejemplo de la nobleza de la política”: palabra de Arenas. A los 61 años.

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