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Meritxell Serret davant del vidre de la Delegació de la Generalitat. Cedida

Meritxell Serret La Delegación de la Generalitat en Bruselas topa con el boicot de la diplomacia española

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La Comisión Europea no se reúne con cargos de la Generalitat desde el año 2015. La delegada, Meritxell Serret, lamenta que diplomacia española no la reconozca y se nieguen a interlocutar con ella. Tampoco descarta que esté sometida a seguimientos policiales, pero le resta importancia: "No dejaré que me paralice".

Política

Las oficinas de la Delegación de la Generalitat en Bruselas están situadas en el hall of fame del europeísmo. A escasos 100 metros del edificio de la Comisión Europea, desde donde se dictan las directivas y legislaciones para todo el continente. Una ley aprobada aquí tiene réplicas hasta Atenas. La Delegación no es difícil de ver: una bandera sobreimpresa en la vidriera saluda a los caminantes. El éxito es tal que, a veces, un guía turístico (bandera española en la muñeca) para al grupo ante las puertas y hace una breve mención.

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Aquí encontramos a Meritxell Serret (Vallfogona de Balaguer, 1975), actual delegada de la Generalitat en la UE y consellera de Agriculura durante la presidencia de Puigdemont. Corre a aclarar que la Delegación no nace hace cuatro días. "Lleva más de 30 años. Al principio como una iniciativa público-privada, que era el Consorci Patronat Català per Europa. Y hace 15 años pasó a ser Delegación del Gobierno". De hecho, estamos ante la gran «embajada» de la Generalitat, punto de mira de las derechas españolas. Su importancia es tal que La Moncloa no se atrevió a cerrarla ni siquiera bajo la aplicación del 155, aunque sí se notara cierta parálisis durante aquellos meses.

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Movimientos entre bambalinas

Y es que la estrategia del Estado pasa, apuntan fuentes del entorno comunitario, por otro tipo de boicot más sutil, que no el cierre forzoso: el boicot diplomático entre bambalinas. Para empezar Meritxell Serret no está reconocida como delegada de Govern, de forma que no recibe las comunicaciones oficiales desde la Representación de España ni se le dirigen directamente. "Aunque mi nombramiento es firme y reconocido", contrapone.

En segundo lugar, desde el 2015 no hay ningún comisario europeo que haya recibido a un representante del Govern. Ha podido haber encuentros en algún acto, pero desde de 2015 que las puertas de los máximos comisarios de la Unión Europea están cerradas. En cambio, sí que se reúnen periódicamente con representantes de otras comunidades españolas y regiones europeas. "Es una realidad que no hemos conseguido cambiar", apunta la delegada Serret. "No dirás nunca de quién es culpa, pero es una realidad".

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¿Escuchas telefónicas?

Otro aspecto preocupante son las posibles escuchas telefónicas o seguimientos policiales. "Todos los que llegamos aquí exiliados, en ese momento hace un año y medio, sufrimos seguimientos. Y es evidente, después lo hemos sabido oficialmente por el Juzgado número 13 [de Barcelona], que se estaban haciendo", contextualiza Serret. ¿Ahora bien, año y medio más tarde, aún debe de ser así? "Seguramente sí. Pero mira, si lo hacen, que lo hagan. Soy como soy... Y si les gusta, que lo escuchen. Ahora bien, lo importante es hasta qué punto dejas que esto te paralice. Y yo hace mucho tiempo que decidí que no me paralizaría".

Ahora está pendiente del próximo ciclo electoral, para ver si genera nuevas dinámicas y cambios. O no. "El día a día de la Delegación no está comprometido por lo que haga la Representación Española. Si la relación cambia, bien. Y sino, seguiremos haciendo [trabajo]", concluye.

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Reuniones con las otras autonomías

Serret, en todo caso, habla de rehacer puentes, poniendo como ejemplo la CORE, una red de cooperación entre las comunidades autónomas españolas. "Y participamos y cooperamos activamente", expone Serret, "porque a pesar de que tenemos un proyecto político de hacer República, no va en contra de nadie". Y añade: "Queremos el desarrollo mutuo". De hecho, los cargos catalanes no están excluidos de los organismos internacionales. El conseller Alfred Bosch, por ejemplo, participó en abril en el Comité de las Regiones, así que la capacidad de trabajo todavía está.

Antes de Bosch, el conseller de Asuntos Exteriores fue Ernest Maragall en los meses post 155. Pero la decisión de los republicanos de enviar a Maragall a luchar por la alcaldía de Barcelona implicaba un intercambio de cromos, de forma que Bosch aterrizaba en Asuntos exteriores. Mucho antes, en los meses previos al referéndum del 1 de Octubre, el gran «internacionalizador» del asunto catalán había sido el actualmente preso Raül Romeva.

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La conselleria coordina todas las delegaciones, básicamente a países europeos. La mayoría están en un proceso de reapertura, tras la aplicación del 155. "Pero ya se ha abierto en Inglaterra, Francia, Roma, Ginebra, Alemania, en la zona escandinava, ha abierto recientemente en Portugal, en Europa central, la parte de los Balcanes, la de las repúblicas bálticas y la de los Estados Unidos", enumera la delegada. Hay que añadir una segunda pieza a la «diplomacia catalana»: las oficinas de la red Acció, dedicada a la promoción económica e internacionalización de las empresas. Acció está presente en todo el mundo, cerca de 80 países, y como agencia que depende del Departamento de Empresa "el objetivo es fomentar Import-Export y proyectos de co-desarrollo empresarial", explica.

"No es una embajada, no tenemos estatus diplomático"

En todo caso, ¿es la Delegación una especie de embajada catalana? "No lo somos, porque no tenemos estatus diplomático", explica. "La Delegación da ayuda a los ciudadanos en la medida de lo posible, pero no es una embajada". ¿Y una vía, junto con Waterloo y el Consejo de la República, para ensanchar los apoyos internacionales? "No somos una herramienta de la internacionalización, pero sí explicamos lo que pasa. Hay un intercambio de información del estado de cada país. Y la información sobre las relaciones de Catalunya con España, o la explicas tú o te la piden, así que sí o sí la acabas contando", explica. Aún más: "Hasta ahora, no me he encontrado a nadie que me dijera que no le interesa nada. Con delegaciones, con lobbys... No les pido que se posicionen hacia nosotros, sino intercambiar posiciones. No cabe alimentar conflicto ni violencia, ni dinámicas que vayan a enquistar más el problema".

De ahí también la relación hecha con familias políticas europeas, como los Verdes o la Alianza Libre Europea (ALE). También con algunos representantes socialistas europeos y demócrata-cristianos. "Ya se ve en la Plataforma en favor del Diálogo con Catalunya, que llegaron a ser alrededor de unos 50 eurodiputados de 17 países". Y con los europarlamentarios catalanes, como Jordi Solé y Josep Maria Terricabras (ERC) y Ramon Tremosa (PDeCAT), pero también Javi Lopez (PSC) y Francesc Gamu (PP).

Unos políticos con más experiencia que Serret viviendo en Bruselas. La Delegada quizás estará mucho tiempo. O no. Es la incertidumbre del exilio. Así lo vive ella: "A los dos meses de estar aquí, firmé un contrato de alquiler por un año. Y pensé '¡guau!', la cosa va para largo. Ahora ya lo he asumido. No quiero especular sobre cuánto tiempo nos quedaremos, porque si es mucho, me deprimiré; y si pienso que será poco, podría hacerme demasiadas ilusiones".

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