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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de Podemos, Pablo Iglesias / PODEMOS

A una semana de la investidura, el acuerdo PSOE-Podemos sigue repleto de obstáculos

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A Sánchez y a la dirección del PSOE la consulta de Iglesias le parece el pretexto para volver a votar no. El candidato podría llegar a ofrecer dos o tres ministerios, con nombres consensuados, excluyendo a Iglesias y a miembros de la dirección. En Moncloa creen que, de no haber pacto ahora, no se moverán posiciones en septiembre. Aun no se ha empezado a negociar

Política

A una semana de que Pedro Sánchez vuelva a subirse a la tribuna del Congreso para solicitar la confianza de la Cámara Baja para ser presidente del Gobierno, el panorama no puede ser más sombrío de cara a lograr su objetivo de seguir en La Moncloa.

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Y es que sólo aparecen obstáculos en el camino para el acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos: los equipos negociadores del ambos partidos, que se sepa, aún no se han sentado a negociar; los enfrentamientos verbales entre dirigentes de las dos formaciones suben cada día más de tono, echándose la culpa mutuamente; y  la consulta abierta por la formación de Pablo Iglesias ha indignado al propio candidato y a todo el PSOE que, como ha dicho el presidente extremeño Guillermo Fernández Vara, “es sencillamente una trampa para un nuevo no a un presidente socialista”, una sensación que empieza a generalizarse en el partido.

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En La Moncloa también cunde una cierta inquietud y desazón, y el convencimiento de que Iglesias juega al “todo o nada”, en una estrategia que no acaban bien de comprender en el PSOE. “Si hay elecciones, no les va a ir bien, pero parece que les da igual”, dicen.

Desde el PSOE se explica que sí han dado pasos, en contra de lo que opina Podemos, y los relatan: primero se habló de un Gobierno en solitario; luego se ofreció que entraran en la estructura de Gobierno; después se propuso independientes propuestos por este partido en el Consejo de Ministros y, finalmente, que pudieran ser militantes o adscritos a la formación morada pero de un perfil técnico. Pero creen que Pablo Iglesias sigue instalado en exigir la entrada en el Consejo de Ministros de dirigentes del partido que ellos designen, de forma proporcional a su representación, y con su líder incluido, lo que rechaza tajantemente Pedro Sánchez.

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Según fuentes consultadas, Sánchez estaría dispuesto a ofrecer dos o tres ministerios a Unidas Podemos -se habla de Sanidad y hasta la cartera de la cartera de Trabajo e inmigración- pero con nombres consensuados previamente y que no supongan una voz política distinta en el Gobierno, que es a lo que se quiere referir el candidato con “perfiles técnicos”.

Lo que no quiere Sánchez es que se visualicen dos cabezas de Gobierno en uno, dos voces distintas; y recuerda que el Consejo de Ministros es un órgano fundamentalmente presidencialista, donde las decisiones y la línea política la marca el presidente. Asegura que Iglesias parece “que no entiende esto o no lo quiere entender”, dice; y cree que su pretensión de llegar al Gobierno no es para hacer políticas sociales ni un proyecto común, sino para ser un contrapeso al presidente y actuar como un Gobierno en paralelo. “Y esto no va a pasar”, aseguran desde el PSOE.

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¿Y si renuncia Iglesias?

Esta es la razón, según explican, del rechazo tajante de Sánchez a la entrada de Iglesias y de otros dirigentes del partido con un marcado perfil político. Por ello, aunque algunos en Ferraz especulan con un gesto final de Iglesias de renunciar a estar en el Consejo de Ministros -que podría anunciar durante el mismo debate de investidura-; indican que tampoco sería la solución si quiere seguir eligiendo para el Consejo de Ministros a dirigentes de su partido de marcado perfil político, como Irene Montero o Pablo Echenique. “Sería como si nos proponen a Monedero como independiente”, bromean en Moncloa.

Pero, además, Sánchez cree que con una presencia muy política de Podemos la acción del Gobierno se vería debilitada en temas importantes. En este sentido, desde Moncloa se sigue insistiendo en el abismo que separa a ambos partidos sobre cómo afrontar el conflicto de Catalunya y, a pesar de los gestos de Unidas Podemos, cree que esas diferencias aflorarán en momentos críticos que se avecinan, como la sentencia del procés. El presidente ha comentado que cree que Iglesias no tiene ahora fuerza en su partido para mantener un mensaje en concordancia con la postura que adoptara el Gobierno, por mucho que se lo dé por escrito o mantenga su renuncia a un referéndum de autodeterminación. 

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En este escenario, desde el PSOE se sigue insistiendo en que se va a continuar buscando el acuerdo y que quieren evitar a toda costa elecciones en noviembre, pero no ocultan que, analizando los hechos objetivos que están sobre la mesa, se antoja bastante difícil que la investidura salga adelante.

En Moncloa no ven septiembre, porque no entienden por qué una de las partes va a cambiar de postura en dos meses

También se asegura que lo de repetir la investidura en septiembre es toda una quimera, porque no entienden qué circunstancias pueden cambiar en dos meses frente a las posturas que ahora se mantienen. En el PSOE, parece difícil que se acepte en sesenta días la entrada de Iglesias o de dirigentes importantes de su partido en el Consejo de Ministros porque la decisión está tomada y, además, es respaldada por todo el partido, que comparte la postura de Sánchez. Es más, si el líder socialista cambiara de posición, tendría problemas internos. En Unidas Podemos, parece aún más difícil que, tras una consulta en la que se apostará con toda seguridad por un Gobierno de coalición, se modificara la decisión dos meses después o se hiciera otra consulta que cambiará sustancialmente el resultado.

Pese a las circunstancias, el PSOE aún alberga la esperanza de una abstención del PP, porque no ocultan que a Albert Rivera “lo dan por imposible”. Los socialista creen que Pablo Casado tampoco quiere elecciones y que, en el último momento, podría dar la sorpresa, aunque es más un deseo que otra cosa.

Por ello, además de la carta enviada por diputados y exdiputados, también se intensificará esta semana la presión hacia el Partido Popular, aunque se insiste en que no se buscará ningún acuerdo con Casado más allá de que con su abstención ponga en marcha la legislatura.

Con este panorama, todo apunta mal para Pedro Sánchez, aunque el “testarudo” candidato socialista sigue mostrando una pasmosa seguridad de que el día 25 de julio saldrá del hemiciclo del Congreso como presidente electo. Aún queda tiempo. Como solía decir Alfredo Pérez Rubalcaba, un día en política “es un mundo”, y el 24 de julio, como todos los días, tiene veinticuatro horas.

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