Cargando...

Secciones

Publicidad

Solo 16 de los 144 españoles que desembarcaron en Normandía con La Nueve llegaron ilesos al final de la II Guerra Mundial.

II Guerra Mundial La Nueve, cuando los republicanos derrotaron al fascismo

Publicidad

La compañía de antifascistas españoles de la División Acorazada del general Leclerc entró en la historia hace hoy 75 años al liberar el ayuntamiento de París y detener al comandante de los nazis antes de retomar una participación en la II Guerra Mundial que finalizaría en mayo del año siguiente con la toma del Nido de Águilas, el refugio de Hitler en los Alpes bávaros.

Política

Los soldados de La Nueve fueron, hoy hace 75 años, los primeros en entrar en París para liberarlo de la ocupación nazi. Y lo hicieron bajo dos banderas tricolores, la de la Segunda República española, su país, y la de Francia, el que acogería como paisanos a los supervivientes de esta legendaria unidad del Ejército de Liberación al acabar la Segunda Guerra Mundial.

Publicidad

Alrededor de setenta miembros de La Nueve, como se conocía a la Novena Compañía [del Tercer Batallón del comandante Joseph Putz] de la División Leclerc, fueron los primeros en llegar, a las nueve de la noche del 24 de agosto de 1944, al Ayuntamiento de París, donde se habían atrincherado miembros de la resistencia y ciudadanos, para liberarlo. En los vehículos de las fuerzas aliadas que vieron desde el edificio podían leerse rótulos como “Guadalajara”, el primero en llegar, “Ebro”, “Belchite”, “Teruel”, “Brunete” o “Jarama”, nombres de batallas de la guerra civil que los republicanos habían pintado en los capós.

Únete a nosotros

Unas horas antes, esta fuerza de combate, la única de las tropas de liberación en la que el castellano era la lengua vehicular tras haber sido fundada casi exclusivamente con españoles (144 de 160), habían sido los primeros en entrar en la ciudad. Y, unas horas después, tres de sus integrantes, detenían a Dietrich con Choltitz, el comandante de las fuerzas de ocupación nazis, en el Hotel Meurice, donde estaba instalado el alto mando.

Los soldados de La Nueve fueron los primeros en entrar en París para liberarlo de la ocupación nazi

El general nazi y su estado mayor fueron capturados por un extremeño (Antonio Gutiérrez), un aragonés (Antonio Navarro) y un sevillano (Francisco Sánchez) que lograron romper el cerco defensivo y subir hasta el primer piso del hotel. Sin embargo, tuvieron que retenerlos, encañonados, hasta que un oficial francés formalizara el arresto. “Antes de salir de su guarida, el general se quitó su reloj y se lo regaló a Gutiérrez, agradeciéndole haber respetado las leyes de la guerra”, cuenta la periodista Evelyn Mesquida en La Nueve. Los españoles que liberaron París, otro de los trabajos fundamentales para conocer la historia de esta unidad.

Publicidad

La toma del ‘Nido de águilas’ de Hitler

Para entonces llevaban tres semanas en Francia (habían zarpado el 31 de julio de Southampon), a donde habían llegado por la playa de La Madeleine, en Normandía, dentro del dispositivo iniciado el 6 de junio de ese año, el Día D. Pocos días después tendían su primer enfrentamiento con la Wehrmacht en la batalla de Ecouché, en el que sufrieron las primeras bajas. A partir de entonces actuarían como avanzadilla de las tropas.

Tras participar en la liberación de París, el periplo bélico de La Nueve se prolongaría hasta primeros de mayo de 1945

Tras participar en la liberación de París, donde escoltaron al general Charles De Gaulle en el desfile de la victoria, y descansar una semana, el periplo bélico de La Nueve se prolongaría durante otros nueve meses, hasta primeros de mayo de 1945, con dos hitos: su participación en la campaña de Alsacia, los combates en los que más bajas sufrió la unidad hasta que cayó Estrasburgo, y la toma del Nido de Águilas, el refugio de Hitler en los Alpes bávaros, operación en la que varias secciones de la compañía intervinieron como escolta de la retaguardia en la ‘limpieza’ del desfiladero de Inzell.

Publicidad

“La Nueve tiene un punto de Brigada Internacional. Cuando fue creada la práctica totalidad de sus 160 miembros eran españoles, pero cuando acaba su participación en la guerra ha pasado por ella 300 soldados de catorce nacionalidades: chilenos, belgas, checoslovacos, brasileños, húngaros, e incluso italianos y alemanes, como Johan ‘Juanito’ Reiter. Ninguno de los reemplazos era español”, explica Diego Gaspar, profesor de Historia Contemporánea e investigador de la Universidad de Zaragoza, quien, tras publicar hace cuatro años La guerra continúa. Voluntarios españoles al servicio de la Francia Libre (1940-1945) están trabajando en Banda de cosacos. Historia y memoria de La Nueve y sus hombres, cuya edición está prevista para el año que viene.

“Banda de cosacos’ era cómo llamaba el capital Dronne a sus hombres, era una forma cariñosa de referirse a ellos”, señala Gaspar, que ve en esta unidad un ejemplo de lo que fue en la primera mitad del siglo pasado “el antifascismo transnacional”.

Publicidad

Varios soldados de La Nueve se trasladan en el vehículo bautizado como “Don Quijote”.

Un coronel que había sido brigadista internacional

La Nueve se creó oficialmente el 24 de agosto de 1943 en África, a donde habían llegado decenas de miles de españoles exiliados tras la guerra civil, en unos casos de manera directa desde Valencia y Alicante (la mayoría, en el caso de la unidad) y en otras tras haber pasado por campos de refugiados en Francia. Algunos de estos últimos 30.000 habían pasado por Gurs y la mayoría por Argelès sûr Mer.

La Nueve se creó oficialmente el 24 de agosto de 1943 en África, a donde habían llegado decenas de miles de españoles exiliados tras la guerra civil

No era la única unidad con españoles, ni mucho menos. También los había, aunque no en tanta proporción como en La Nueve (sí eran un tercio de la tropa), en la Diez, en la Once y en la compañía de apoyo que completaban el batallón del coronel Joseph Putz, un sindicalista y comunista francés que había luchado en Guadalajara, Madrid y Aragón al frente de la brigada internacional conocida como La Marsellesa, y que resultó clave para la formación. Algunas fuentes sostienen que fue él, en su participación en la defensa del Bilbao, quien inspiró a Ernst Hemingway el protagonista de “¿Por quién doblan las campanas?”.

Muchos de sus integrantes habían pasado antes por el Tercer Batallón del Cuerpo Franco de África, una de las unidades a las que habían sido destinados los soldados españoles después de que, en 1942, Francia les hubiera dado la oportunidad de alistarse, bajo el mando de Putz. A finales de julio del año siguiente, cuando el Cuerpo Franco de África, que previamente había renegado del Gobierno colaboracionista de Vichy tras atraerlos los aliados, y el Ejército de la Francia Libre de De Gaulle se disuelven para crear el Ejército de Liberación Nacional francés, la unidad del exbrigadista ya había optado por quien años después sería presidente de la República en su pugna con el general Henry Giraud.

Las tropas de La Nueve fueron las primeras en llegar al Ayuntamiento de París el 24 de agosto de 1944 | Random House 

Un ejército sin soldados negros

En ese batallón se organizarían las cuatro compañías, que, como el resto de unidades con antifascistas, cobrarían protagonismo como consecuencia de una medida xenófoba impuesta por EEUU: vetaron a los soldados de color negro en el ejército francés al que estaban armando, lo que suponía un contratiempo especialmente para Leclerc, que llevaba tres años reclutando tropas desde Camerún hacia el norte de África.

Leclerc se opuso, aunque De Gaulle le forzó a aceptar esas condiciones ante la imposibilidad de armar una fuerza de 14.000 hombres sin el apoyo estadounidense. “Los españoles y antifascistas de otros países, y también soldados norteafricanos, comenzaron entonces a sustituir a los tiradores senegaleses. Llenaron ese hueco y acabaron teniendo el peso específico que acabaron teniendo”, anota Gaspar.

La Nueve fue trasladada a Argelia para recibir entrenamiento con el equipamiento que suministraba EEUU

A partir de ahí, La Nueve fue trasladada a Argelia para recibir entrenamiento con el equipamiento que suministraba EEUU antes de ser concentrada en Marruecos y trasladada a Escocia para cerrar su preparación antes de salir hacia Normandía.
Al acabar la guerra, solo 16 de los 144 españoles de la unidad que habían desembarcado en La Madeleine seguían ilesos, narra Mesquida. Su perfil, explica Gaspar, era el de jóvenes solteros y con una media de edad de 27 años cuando se alistan, que ya contaban con dos experiencias militares, una en España bajo la bandera republicana y otra en África bajo la francesa (130 habían pasado por el Cuerpo Franco), y de ideología izquierdista o progresista.

El territorio de origen más frecuente fue Andalucía (37), seguido de Catalunya y Valencia (18) y lo que entonces era Castilla La Nueva (11, cinco de ellos madrileños). Y, ya en menor medida, Aragón (7), Galicia (6), Euskadi (4), Canarias (4), Melilla (4), Murcia (4), Cantabria (3), Extremadura (3), Baleares (1), Asturias (1) y el Marruecos español). Otros cinco no especificaban su lugar de nacimiento, señala el historiador en su libro. Ninguno de ellos sigue vivo, el último en fallecer fue Rafael Gómez.

Una historia eclipsada por la ‘grandeur’

Su historia se vio oscurecida durante décadas por dos motivos: en España, por el silencio bajo el que el franquismo sepultó la participación de los republicanos en las fuerzas aliadas (la dictadura se quejó formalmente a Francia por la participación de La Nueve en el desfile de París); en Francia, por el relato oficial de corte nacionalista que se impuso en la posguerra.

“Ese relato oficial silencia la participación de fuerzas extranjeras en la liberación de Francia”, apunta Gaspar, que explica cómo esa memoria, más allá de los escritos de Dronne y de otros miembros de esas unidades, no comienza a recuperarse hasta los años 70. “Hay tres sujetos históricos que fueron vitales para la liberación de Francia y que han sido sistemáticamente olvidados: los extranjeros, las mujeres y las fuerzas coloniales”, añade el historiador.

Ahora, Gaspar aboga por “recuperar la historia de gentes sencillas, del común, que hicieron cosas extraordinarias en una época extraordinaria”. “Tras años quejándonos del blindaje de la historia en Francia -añade-, cuando se nos da la oportunidad de recuperarla hemos de hacerlo con garantías, no construyendo nuevos mitos”.

Publicidad

Publicidad