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Miles de personas se manifiestan por la independencia de Catalunya en la plaza de Espanya de Barcelona. / EFE

Diada El independentismo llena las calles y apela a la "unidad" entre reproches de los partidos

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La Guardia Urbana cifra en 600.000 personas la asistencia a la manifestación convocada por la ANC, 400.000 menos que en 2018. Elisenda Paluzie hace un llamamiento a la unidad estratégica y critica duramente el Govern: “Dos años más tarde, no solo no hemos avanzado, sino que hemos dado pasos hacia atrás”. ERC y JxCat siguen el acto desde puntos diferentes.

Política

Un año más, el independentismo ha conseguido que la asistencia de la manifestación de la Diada se cuente por centenares de miles, pero menos que en otras ocasiones: hasta 600.000 personas según la Guardia Urbana han asistido a la cita organizada por la ANC en la Plaza Espanya de Barcelona, lo que supone una rebaja respeto al millón del que dio cuenta la policía municipal el año pasado. También, lejos de la de 2016, hasta ahora la menos concurrida, con 875.000 personas. El desinflamiento no solo ha llegado a las cifras. Frustración y desconfianza son palabras que se escuchan en las conversaciones de los manifestantes sobre los líderes políticos mientras esperan a que llegue la hora 17.14 para empezar a corear el tradicional cántico por la independencia de Catalunya.

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Si en otras ocasiones la manifestación de la Diada quería interpelar el Estado y hacer una demostración de fuerza, este año los concentrados han centrado el mensaje hacia “a los suyos”, los partidos políticos independentistas. La convocatoria llenaba de gente las calles Tarragona, Creu Coberta, la Gran Via de les Corts Catalanes, la avenida Paral·lel y la avenida Maria Cristina, formando una estrella a vista de pájaro y escenificando una diversidad que encuentra un punto de unión, como la diversidad de los espacios políticos que forman el independentismo y que las entidades piden que resuelvan sus diferencias para caminar juntos.

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Pero la realidad, a veces, es más caprichosa. Mientras la marea turquesa ─formada por gente que con disciplina militante vestían la camiseta de la ANC─ gritaba cánticos por la unidad y recordaba que “ho vam fer” [lo hicimos] ya hace dos años, ERC y JxCat miraban el acto político desde dos puntos diferentes de la manifestación, en vez de hacerlo juntos como socios de gobierno. Y no es para menos, puesto que solo empezar los parlamentos, las referencias a las diferencias que hace tiempos demuestran tener los dos principales partidos del independentismo han estado constantes. Constantes, y reforzadas por un público en comunión con la crítica. Los comunes, por tercer año consecutivo, no han ido.

“Decía Joan Fuster que la política te la haces o té la hacen. Es hora de arremangarnos y hacer política. Solo así tendremos el Estado que queramos”, decía el cantautor Lluís Llach desde el escenario. “¡Es que ya hace 30 años! Tenía 14 cuando fui a la primera manifestación independentista a gritar ‘Llibretat, amnistia, estatut d’autonomia’”, respondía una señora del público. La ANC ha centrado gran parte de los discursos a reivindicar “la lucha no violenta” y la organización ciudadana, con muchas referencias a la campaña Eines de País [Herramientas de País], que impulsa un consumo dirigido a empresas comprometidas con la independencia.

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La Diada “más difícil”

El cierre del acto ha ido a cargo de los dos líderes de las grandes entidades soberanistas: Marcel Mauri, vicepresidente de Òmnium Cultural, y Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC. “Sabéis mejor que nadie que habrá una sentencia dura y larga. Buscan venganza y castigo. Jordi Cuixart, que tendría que estar aquí, siempre nos dice una cosa: ¡Si nos condenan, que nadie tenga ninguna duda que lo volveremos a hacer!”, exclamaba Mauri entre aplausos. El silencio ha sido un gran protagonista de esta concentración, que solo se rompía cuando había una referencia a los presos independentistas. Por su parte, Paluzie ha utilizado su turno de palabra para leer unas palabras del expresidente de la ANC y preso político, Jordi Sànchez: “Os aliento a rechazar el chantaje del Estado a través de nuestro encarcelamiento”, leía, mientras el público respondía a gritos: “libertat presos polítics”.

Además, Paluzie tampoco ha desaprovechado la ocasión para recoger la tesis principal de la convocatoria y ha enviado una dura crítica al Govern de la Generalitat y a los grandes partidos indepedentistas: “Esta es la Diada más difícil. Porque después de haber conseguido celebrar el referéndum con todo el Estado en contra, después de ver como tenemos presos y represaliados, vemos que, dos años más tarde, no tan solo no hemos avanzado, sino que además hemos dado pasos hacia atrás”. Y añadía: “A nuestros dirigentes, os pedimos que no nos desarméis”, en referencia a la renuncia a la vía unilateral, según ella “la vía que nos ha permitido llegar más lejos que nunca”.

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Frustración y lealtad entre los asistentes

“Yo estoy muy decepcionada. No se ha hecho nada en dos años desde el 1-O”, explica Dolores Guinart, una manifestante de la localidad de l’Hospitalet de Llobregat que no esconde su desaliento. Como Guinart, la mayoría de los asistentes se muestran especialmente críticos con los partidos políticos y piden fórmulas diferentes para protestar: “Tenemos que ir todos a por todas. A mí me da igual que vuelva a venir un piolín a pegarme”. Se mostraba en sintonía con lo que ya había expresado minutos antes Paluzie: “No solo con manifestaciones llegaremos a la independencia, pero también con manifestaciones”, decía desde el escenario.

Lo mismo piensan Matilde Domènech y Pere Ponsà, que se han desplazado desde Tarragona para asistir a la concentración expresamente: “Tenemos mucha indignación encima. Lo que necesitamos es una rebelión total. Movilización permanente para parar el país”, dice Domènech. “A mí me da igual dejarme el sueldo de un mes por una huelga general”, añade su compañero. Afirman que no quieren ni oír a hablar de elecciones: “Si votamos, es para irnos. Y ya lo hicimos, eso. El 21-D ya votamos en unas elecciones autonómicas. ¡Si volvemos a hacerlo, saldrá el mismo!”, defienden la pareja.

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¿Ante tanto enfado, por qué siguen asistiendo a las Diadas año tras año? “La gente se echa a la calle a defender los presos porque lo están injustamente”, opina Lola Mangues, quien ha hecho el trayecto desde Lleida en uno de los 22 autobuses organizados para acudir a la cita. Mangues tampoco está de acuerdo con una nueva convocatoria de elecciones, y hace un llamado ineludible a la unidad: “Los partidos son lo menos importante. No se tendrían que mover por intereses partidistas. A mí no me importa que me peguen, pero sí que lo hagan por nada. Me gustaría que los políticos fueran sinceros, porque me siento como si me hubieran engañado. Hasta que no expliquen la verdad de lo que ha pasado, yo no me creeré a nadie”.

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