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Opinión · Ciudadano autosuficiente

La casa y el coche no nos dejan margen, ¿hay solución?

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La mayor parte de los gastos familiares, con mucho, van a la vivienda y el transporte. Es decir, a hipotecas, alquileres, electricidad y gas, gasolinas y gasóleos y compra y mantenimiento, impuestos, aparcamiento, etc., de automóviles. Como resultado, no nos queda dinero para una alimentación sana o para ropa de calidad.

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Los elevados precios de la vivienda no nos permiten elegir casas confortables y eficientes en el uso de la energía, nos tenemos que conformar con lo que podamos pagar. Si estamos asfixiados por una hipoteca, no podemos permitirnos una buena reforma de la casa que mejore su confort y eficiencia (mejorando los aislamientos y los sistemas de climatización), así que tendremos que hacer frente a elevadas facturas de calefacción y aire acondicionado. Si tenemos que elegir entre pagar la hipoteca o el alquiler y mantener la casa caliente, porque no nos llega el dinero para ambas cosas, ya sabemos lo que dejaremos de pagar.

El elevado gasto en el vehículo privado no nos permite elegir el mejor transporte para cada ocasión: tenemos que amortizar el coche, y usarlo hasta para ir a comprar el pan. Tampoco es fácil comprar otro automóvil más adaptado a nuestras necesidades (más pequeño, eficiente, eléctrico, etc.), pues pagar los numerosos gastos del coche que ya tenemos no nos deja margen de maniobra. Como resultado, tenemos que utilizar a diario, para trayectos que podríamos hacer de manera más cómoda y barata por otros medios (por ejemplo el transporte público), un coche obsoleto, que contamina el aire que respiran nuestros vecinos y nosotros también.

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Después de pagar la casa y el coche, contamos las monedas que nos quedan en el bolsillo y vamos al mercado a comprar comida. Allí tenemos que elegir: ¿huevos ecológicos de gallinas criadas en libertad a 2,5 euros la media docena, o huevos de menos calidad a un euro la docena? Si no estuviéramos asfixiados por el complejo “cochipoteca”, elegiríamos la primera opción, sin duda: con la comida no se juega. Pero elegimos la segunda opción, no hay más remedio. Por razones parecidas, compramos ropa de mala calidad, dopada a base de poliéster, ya que la ropa buena de verdad es cara.

¿Hay solución para estos considerables problemas? Hayla. Tiene muchos ingredientes: parar los pies legalmente a la violencia inmobiliaria, cooperativas de vivienda, comunidades energéticas, ayudas para la rehabilitación de viviendas, hacer crecer el parque de viviendas públicas, autoconsumo de energía, grupos de consumo, mejoras del transporte público y del transporte compartido, nuevos vehículos eficientes, energías renovables para los edificios, encarecer la comida ultraprocesada y abaratar la comida de verdad, mejoras energéticas en viviendas fáciles de implementar, ayudas al transporte sostenible, vehículos utilitarios no contaminantes de precio asequible, garantizar las buenas prácticas en agricultura y producción de alimentos, etc.

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Es interesante anotar que todas estas medidas están al alcance de nuestra sociedad en un plazo razonable, todas ellas han sido experimentadas y todas han demostrado su eficacia. El resultado de estas y otras medidas en la misma línea permitiría reducir notablemente nuestros gastos en vivienda y consumibles energéticos y en transporte. Lo que nos dejaría más dinero disponible para comprar buena comida y buena ropa. Por cierto que un efecto secundario muy interesante de este tipo de medidas es que reducen notablemente la emisión de CO2, y por lo tanto combaten el calentamiento global.

Jesús Alonso Millán

Imagen: DALL-E2

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