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Opinión · Posos de anarquía

Lobos con piel de cordero en la hostelería

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La noticia del hostelero gallego denunciado por CCOO por explotación laboral tras ofertar un salario mínimo neto de 1.400 euros hasta una máximo de 2000, alojamiento y manutención, fue una de las que más interés despertó entre las personas lectoras. Todavía a estas horas encabeza el ranking de las más leídas. ¿Cómo es posible esta denuncia? Sencillo, la oferta guardaba gato encerrado, aunque el empresario lo niega.

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Merece la pena una lectura reposada de la noticia en la que a cada denuncia de CCOO le sigue una negación del hostelero. El problema es que Ana María Pascual, la colega que firma la noticia, ha contrastado la información, recogiendo el testimonio de una de las víctimas de esta explotación. Según apunta, la oferta en realidad era un contrato de fin de semana, aunque se trabajaba en realidad todos los días cerca de 14 horas y sin posibilidad de librar durante todo el verano, septiembre incluido. En cuanto al alojamiento, que supuestamente era uno de los apartamentos turísticos que posee el hostelero, las condiciones distaban mucho de un hogar digno, sin luz.

La buena noticia es que se suceden las denuncias y las personas se han plantado al fin y no aceptan estas condiciones de explotación, poniendo en dificultades la continuidad de algunos negocios salvo, claro está, que estén dispuestos a reducir sus márgenes pagando salarios dignos con jornadas laborales que no incumplan los convenios colectivos.

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La mala noticia, que aún queda mucho empresariado dispuesto a exprimir situaciones de vulnerabilidad: "Cuando no se libra un día porque se ha trabajado un festivo, por ejemplo, se recupera después. El día libre se acumula o se paga, depende del trabajador, siempre de acuerdo con la legalidad, porque hay trabajadores que quieren hacer dinero", apunta el hostelero denunciado. Podría haber añadido que hay trabajadores que quieren hacer dinero "porque lo necesitan", porque tienen que sacar adelante a una familia a la que, por cierto, no ven por culpa de la jornada laboral impuesta.

Con la falta de personal que vive la hostelería este verano, han ido surgiendo ofertas similares a la ofertada por este gallego, pero algunas de ellas son auténticas trampas. Según datos del INE, un camarero o camarera gana en España un 40% menos que el sueldo medio. En ese contexto, surgen cantos de sirena de los que huyen, incluso, personas que aun estando en serias dificultades económicas han puesto pie en pared y se niegan a seguir alimentando la explotación, la precariedad. Es labor del resto cuidar de esas personas que, con su negativa, contribuyen a mejorar el país, a dotar de mejor salud al mercado laboral sacando de él a buitres carroñeros. Cada plante a la explotación, cada denuncia, nos favorece a todas y todos.

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No puedo dejar de cerrar este artículo sin acordarme de otro tipo de hosteleros y hosteleras, l@s que se autoexplotan, l@s que siendo sus autoempleadores sufren jornadas maratonianas sin descanso ni sueldos dignos. Esas personas en régimen de autónomos que trataron de encontrar en el autoempleo una salida laboral que el mercado les negaba y que los políticos instrumentalizan torticeramente  para presumir de emprendiduría.

Lo que realmente marca la diferencia en la hostelería es el local; en función de si se es propietario o de la cuantía del alquiler depende la viabilidad del negocio. En muchas ocasiones, negocios que día a día registran un lleno total a duras penas cubren gastos, precisamente, por culpa del alquiler, por esa especulación en la que no reparamos cuando se habla de precariedad en la hostelería. Obviamente, esta reflexión no ha de servir para justificar la explotación laboral -que en el caso del gallego, ni siquiera aplica por ser un multipropietario-, sino para extender la responsabilidad de la situación a la especulación inmobiliaria. Piénselo cuando alquile o venda un inmueble y, aun sabiendo que el local/vivienda no vale lo que pide, se agarre a la excusa barata de "es el precio de mercado", porque lo es porque usted contribuye a ello, dañando la justicia social.

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