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Opinión · Posos de anarquía

Exprimir la desgracia

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Cuanto peor, mejor. Aquella fatídica frase de Mariano Rajoy vuelve a tener vigencia. La derecha aprovecha una vez más una crisis económica global para hacer oposición, imitando al populismo fascista que niega el origen de la crisis y se presenta con un recetario de remedios que, en realidad, carece de medidas prácticas. El PP de Feijóo no se distingue en sus planteamientos de lo que expone en Italia la ultra derechista Giorgia Meloni, que exprime la desgracia para subir en las encuestas.

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Existe una diferencia sustancial entre hacer oposición criticando las medidas adoptadas para combatir la crisis y atribuir esa crisis, precisamente, a las acciones para mitigarla. Feijóo ha enterrado la moderación con la que se presentó a presidir su partido y, como si España se le quedara grande, se aferra al ruido más que a la oposición.

La narrativa de este nuevo viejo PP ha pasado de pedir elecciones anticipadas porque temía que en el final de legislatura la economía fuera como un tiro, ayudando a destacar las bondades de las políticas del Gobierno, a exigir adelanto porque la guerra de Ucrania ha hecho saltar por los aires todas las previsiones de crecimiento. La derecha recurre una vez más al complejo escenario económico para sacar rédito político, abrazando el 'cuanto peor, mejor'.

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El líder del PP pide un cara a cara en el Senado sin desvelar su receta anticrisis. En lugar de eso, acostumbra a torpedear las propuestas por el Ejecutivo, aun cuando en casos como la reforma laboral o las subidas del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) han demostrado sus beneficios. Hacer gala de sentido de Estado no es regalar un cheque en blanco al Gobierno, pero sí al menos adjuntar propuestas a las críticas. En lugar de anclarse en el discurso falaz de "Bildu es ETA", el PP debería mirar más a la izquierda abertzale, capaz de apoyar medidas anticrisis condicionadas a nuevas propuestas para mejorarlas.

Aunque la crisis de 2008 guarda muchas diferencias respecto a la actual, la sociedad española haría bien en recordar cómo salimos de aquella gobernada por Rajoy: rescate a fondo perdido de 60.000 millones de euros a la banca, oleada de desahucios, más desempleo y mayor precarización del existente... Y Sánchez también haría muy bien en no pecar de optimista para no caer en los errores pasados del PSOE, cuando a Rodríguez Zapatero le pasó por encima la recesión.

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Ya son varias las Comunidades Autónomas que padecen las consecuencias de los vendedores de crecepelos en política en forma de incendios descontrolados, una Sanidad Pública en los huesos o una Educación elitista y segregada. Ese es el papel que ha adoptado Feijóo, que ha dejado un legado en Galicia que, de replicarse a todo el país, nos sumirá aún más en el pozo de la desigualdad. Parece mentira que los cantos de sirena sigan surtiendo efecto.

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