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Opinión · Dominio público

El mundo que se va a encontrar el nuevo PSOE

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Fernando Valdés Verelst

Especialista en Seguridad y Relaciones Internacionales

El domingo concluyó el congreso extraordinario del PSOE con el respaldo mayoritario a su nuevo secretario general, Pedro Sánchez, y a su Ejecutiva. Con ello culmina un proceso que empezó la noche de autos del pasado 25 de mayo, y que ha llevado a sus militantes a elegir de forma directa al secretario general de la organización.

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Como era de esperar, el debate surgido en este proceso de primarias ha basculado entre las propuestas orgánicas de apertura, transparencia y regeneración democrática; y las líneas maestras que los tres candidatos han perfilado como programa político, económico y social. Dejando al margen la profundidad de esos debates, parece indudable que ha sido poco o muy poco el tiempo dedicado al papel del Partido Socialista Obrero Español en la actual escena internacional. Habrá quien opine que no era el momento, y probablemente tenga razón, pero esta circunstancia no ha hecho sino refrendar el escaso papel que juegan en el debate público de este país las relaciones internacionales, y mucho más después de la última crisis económica y financiera.

Mientras el PSOE se ha rearmado orgánica y políticamente, el mundo, tozudo e implacable, sigue girando, y los socialistas no pueden retrasar por más tiempo debates de vital importancia y que sin duda afectarán, directa e indirectamente, al futuro de nuestra sociedad.

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El mundo que se va a encontrar la nueva Ejecutiva socialista es un mundo no sólo más complejo e incierto, sino mucho más inseguro que el que se encontró el anterior secretario general apenas dos años antes. La lista de factores que configuran el actual contexto internacional es larga y resulta del todo inabarcable en un artículo como este, por lo que relacionaré a continuación los más importantes, y los que sin duda deberían ocupar un lugar preferente en la agenda de los socialistas.

Hay que empezar por aquellos aspectos que nos afectan de manera más próxima, los que han de marcar el futuro de la Unión Europea. Mucho se ha escrito en las últimas semanas sobre el desafecto de la ciudadanía europea con sus instituciones y con un proyecto que comienza a dar evidentes señales de cansancio. El auge de eurófobos y formaciones de corte fascista en las últimas elecciones europeas no es sino la más evidente constatación de esa desafección; y sin embargo, ha de servir de acicate para recuperar un proyecto europeo más ambicioso en lo social, en lo político y en lo institucional. Si la ciudadanía no percibe a Europa como solución a sus problemas, la alternativa no ha de ser menos Europa, sino mejor Europa. En esta necesaria reforma de las instituciones europeas, Pedro Sánchez y su Ejecutiva van a encontrar a un inmejorable aliado en Matteo Renzi y la Presidencia europea de Italia en el segundo semestre de 2014. En su discurso de presentación de la Presidencia de turno ante el Parlamento Europeo el pasado 2 de julio, el primer ministro italiano llamó a recuperar el alma europea, al tiempo que defendía una necesaria agenda de crecimiento y empleo frente a las políticas austericidas de los últimos años. Bien hará el Partido Socialista si apoya decididamente el impulso regenerador de Renzi y le anima a dar los pasos necesarios para profundizar en el proyecto de unión política y social.

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Es innegable que Europa seguirá perdiendo capacidad de influencia en el mundo si no es capaz de avanzar con paso firme en una política exterior y de seguridad común. La anexión de Crimea por parte de Rusia por la vía de los hechos, devolviendo las relaciones internacionales a una suerte de realismo decimonónico, todavía espera una respuesta de la Unión Europea que ya llega tarde. En este necesario proceso de profundización del proyecto europeo, los socialistas españoles y su renovada Ejecutiva tendrán más pronto que tarde que encontrar una posición sobre los socios que de manera insistente lo torpedean. La Unión Europea será mejor cuanto más grande e inclusiva, pero su avance no puede estar condicionado por el chantaje de unos pocos.

Pero aquí no acaban los deberes más inmediatos de la nueva Comisión Ejecutiva Federal y, en concreto, de su Secretaría de Relaciones Internacionales. Deberes que se hacen aún más necesarios ante la parquedad de la política exterior del Partido Popular, centrada en la promoción de la marca España y en la defensa de los intereses de la empresas españolas en el exterior. Son muchas las amenazas que hoy en día se ciernen sobre el conjunto de la comunidad internacional: la guerra de Siria, el eterno conflicto palestino-israelí, la guerra en Ucrania, el radicalismo suní en Irak, la amenaza nuclear iraní, los tráficos ilícitos, el terrorismo de base islámica en el Sahel, la inseguridad en Libia o la inestabilidad en el sudeste asiático. Todo ello en un contexto marcado por el cambio de la acción exterior estadounidense, que con Obama como presidente ha abandonado su papel de gendarme mundial. Todos estos acontecimientos requieren de la atención del PSOE y exigen de un análisis concienzudo y una respuesta institucional. A la hora de confeccionar esta respuesta, es imprescindible tener presente algunas lecciones aprendidas:

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En primer lugar se ha de recuperar el multilateralismo como instrumento prioritario de la acción exterior. Sin embargo, el multilateralismo es un medio y no un fin en sí mismo. Convendría que con independencia de los acuerdos internacionales, el PSOE fije su posición en ámbitos tan importantes como el conflicto palestino-israelí. La tradición socialista puede ayudar en la búsqueda de una solución al conflicto sin dejar de condenar enérgicamente las operaciones de castigo que el ejército israelí inflige reiteradamente a la población civil palestina.

En segundo lugar es imprescindible aceptar que en el mundo actual no hay ni decisiones sencillas ni soluciones fáciles. A este respecto conviene recordar que el apoyo europeo a la denominada primavera árabe ha resultado en una frontera sur del Mediterráneo más insegura e incontrolable, no hay más que fijarse en el polvorín libio. Las decisiones han de anticipar todos los escenarios posibles, priorizando los valores y principios que configuran el socialismo y adoptando posturas valientes y transgresoras. Resultará imprescindible la coherencia en esa acción exterior, lo que era inaceptable en el caso de Ben Ali, Mubarak o Gadafi, no lo puede ser menos con Obiang o los petromonarcas del Cáucaso.

Por último, conviene reconocer que la securitización de la agenda internacional se ha demostrado insuficiente para atajar los problemas del radicalismo y del terrorismo de base islámica. Superada la alianza de las civilizaciones, convendría incorporar nuevos enfoques, como el de la seguridad humana, elemento fundamental para combatir no sólo la pobreza, sino también la inseguridad y la violencia. La democracia, las libertades y el fortalecimiento de los poderes públicos son fundamentales para construir un futuro en paz.

No puedo olvidar y mencionar, si acaso muy brevemente, la deuda moral del conjunto de la sociedad española y de los socialistas con la causa saharaui. La población saharaui ha ido perdiendo todos sus paladines en la escena internacional. Buen principio sería para este renovado PSOE volver a abanderar esa causa y liderar una solución a un conflicto ya olvidado.

Son éstas sólo algunas reflexiones que la nueva Ejecutiva socialista ha de incorporar cuanto antes a su proyecto. De ser así, estaríamos frente a un nuevo ciclo prometedor en las relaciones internacionales de nuestro país.

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