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Opinión · Dominio público

El fraude de Volkswagen y las lecciones de Alemania

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Estefanía Torres

Diputada de Podemos en el Parlamento Europeo

Sólo quedan unas cuantas semanas para la Cumbre de París, un evento que congregará a científicos, expertos y representantes diplomáticos de todo el mundo en torno al mayor reto al que se enfrenta hoy la humanidad: el cambio climático. Sin embargo, parece que la Cumbre será anecdótica teniendo en cuenta la escasa influencia que supondrá en la política real de los Estados y la acción de las grandes multinacionales. El escándalo Volkswagen, que se debatió ayer en el Parlamento Europeo de Estrasburgo, es un perfecto ejemplo de ello.

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Este escándalo ha venido a sacudir cualquier idea de que dentro de esta forma de gestionar el mundo a la que estamos acostumbrados sea posible garantizar la salud tanto del planeta como de las personas. A la empresa alemana no le ha importado en absoluto estafar a la ciudadanía para mantener sus beneficios ni mucho menos desgastar el medio ambiente poniéndose una máscara de falso ecologismo.

Volkswagen ha puesto por delante sus beneficios económicos sin importarle en absoluto defraudar a decenas de miles de personas. Y eso que el Consorcio Internacional de Transporte Limpio ya alertó en el año 2014 del trucaje que Volkswagen estaba realizando a los vehículos diésel que ponía a la venta. Aun así, este fraude todavía tardó un tiempo más en salir a luz.

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Según se ha sabido ahora, resulta que la diferencia entre lo que decían que contaminaban sus vehículos y lo que en realidad contaminan es de un 40% más, según señala la organización internacional Transporte y Medio Ambiente. ¿Qué repercusión tiene esto para el medio ambiente y el cambio climático? Dicha cifra se corresponde con una importación de barriles de petróleo extra que la propia organización calcula en 6.000 millones. Para el usuario del coche, la estafa se traduce en unos 450 euros más al año que han pagado en combustible.

Sabemos precisamente que la causa fundamental del cambio climático está en la quema de combustibles fósiles. Desgraciadamente, quienes siguen enriqueciéndose a costa de explotar nuestros recursos naturales, de ninguna manera están pensando que es urgente y necesario dar un giro hacia otro modelo productivo.

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Y lo demuestran. Tanto es así, que no les importa estafar a la ciudadanía para mantener sus beneficios ni mucho menos perjudicar el medio ambiente poniéndose una máscara de falso ecologismo.

Pero el caso Volkswagen nos ha dado también otra muestra de cómo actúan las élites cuando cuentan con el favor del poder político: el ministro español de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, ha concedido plazos insultantes para que Volkswagen dé supuestas soluciones a los ciudadanos españoles que han sido defraudados. Soria, precisamente, el ministro de los tickets falsos y otras perlas.

Desde Alemania se ha acusado permanentemente a los países del sur de no saber gestionar nuestro erario público, de ser irresponsables e incluso vagos. Pero, con la actitud del ministro Soria a mí lo que me queda claro es que el problema en nuestro país es precisamente una estructura política e institucional que se ha puesto al servicio de grandes multinacionales como Volkswagen, que se bajan los pantalones ante los bancos a pesar de dejar a miles de ciudadanos en la calle, pero que ponen alfombras rojas a las estafas multimillonarias que los de arriba cometen contra nuestra gente.

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Es decir, el problema de nuestro país no es la ciudadanía, el problema de nuestro país es el mismo que tiene Alemania: una élite corrupta, ladrona y delincuente.

Esperamos con ansiedad las magníficas fotos que sus señorías se harán durante la Cumbre de París, haciendo falsas promesas sobre lo que les importa nuestro medioambiente y la sostenibilidad de este planeta, mientras permanece en el recuerdo la mayor estafa de contaminación por la que Volkswagen pasará a la historia.

Y ahora, qué, Angela, ¿también vas a venir a darnos lecciones?

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