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Opinión · Dominio público

La última oportunidad

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A lo largo de los años, desde el inicio de la revolución industrial, se ha ido asentado en nuestro país una estructura económica muy diferenciada entre territorios, provocando grandes desequilibrios entre zonas industrializadas y las menos industrializadas. Algo que se agrava cada vez que sufrimos una crisis económica, impactando de forma más contundente en las zonas con menos tejido industrial, provocando un aumento en las cifras del desempleo, un incremento de la emigración y con ello una crisis social y un aumento de la despoblación.

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Las regiones con menor peso del sector industrial tienen muchas más dificultades para iniciar un proceso -aunque sea tímido- de industrialización por su falta de cultura industrial, de infraestructuras y de empresas auxiliares que hagan atractivo la instalación de nuevas industrias. Así, se crea un círculo vicioso del que es complicado salir: la falta de industria deriva en peores condiciones para la instalación de tejido industrial. Lo dice alguien que lo conoce bien, por ser extremeño y por ser trabajador en excedencia de una de las pocas industrias que existen en la región.

Conscientes de esta realidad los presidentes extremeños Juan Carlos Rodríguez Ibarra primero y Guillermo Fernández Vara después, se pusieron manos a la obra y cuando se empezaba a vislumbrar un cambio de modelo, con el nacimiento de una nueva revolución, la digital, decidieron que Extremadura no podía perder ese tren. Subirse en el primer momento debía permitir a la región avanzar más rápido, era como la única forma para ponerse a la altura del resto de regiones que llevaban varias cabezas de ventaja. La apuesta de Extremadura por la sociedad de la información fue reconocida en todo el mundo y merecedora de muchas distinciones y hoy el resultado se puede comprobar en los edificios del parque científico tecnológico en los campus de Cáceres y Badajoz que acogen a empresas y cientos de trabajadores con alta cualificación y que desarrollan productos punteros en el sector de las TIC.

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Pero esto no es suficiente para que Extremadura pueda avanzar a un ritmo que le permita acercarse a otras regiones mucho más adelantadas en la mayoría indicadores económicos, la región igual que otras, necesitan un crecimiento de su sector industrial, y para ello los fondos Next Generation se convierten en una herramienta imprescindible. Esta problemática no es exclusiva de Extremadura, en España hay un gran desequilibrio entre el norte y el sur, y entre el oeste y el este.

Europa y el Gobierno de España deben acertar en el uso de estos fondos, de lo contrario se incrementará el desequilibrio entre regiones que no tendrá vuelta atrás. La lucha contra el desigual desarrollo entre territorios no vendrá de que todas las regiones reciban una cantidad de dinero equivalente, ello no garantiza un reequilibrio económico futuro. De los muchos proyectos que cada día se anuncian en los medios de comunicación como candidatos a ser receptores de fondos europeos, la mayoría de los que se plantean con componente industrial se concentran en las regiones que ya de por si están industrializadas, algo lógico teniendo en cuenta que es allí donde tienen su sede las empresas que los proponen.

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Si el Gobierno de España no tiene la capacidad y la visión de redistribuir incrementando los fondos para el tejido industrial allí donde menor peso tiene este sector, la desigualdad entre territorios se incrementará considerablemente en los próximos años y con ello la desafección con el proyecto nacional de los ciudadanos que habitan en los territorios menos desarrollados.

En los próximos meses nos jugamos el futuro de nuestro país y de muchas generaciones y las consecuencias de la aplicación de los fondos incidirán en el modelo de país que tendremos en el futuro. Si conseguimos que estos garanticen la equidad económica entre territorios tendremos un país fuerte y cohesionado, de lo contrario se incrementarán las tensiones y la percepción de un país a dos velocidades.

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