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Opinión · Otras miradas

Cambiar el Ateneo, empobrecer Madrid y España

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Escribir sobre la bicentenaria asociación en forma comprensible no solamente para quienes somos integrantes de ella, mas para la ciudadanía en general, no resulta fácil sin extenderse o sin abonarse al tópico. Es preciso no obstante hablar ahora sobre el Ateneo de Madrid, cuando está en marcha, se pretende, el mayor cambio en su funcionamiento desde que la entidad recuperó su democracia -eliminada por el franquismo en 1939-, en el año 1982.

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A fines de mayo de este 2021, la candidatura llamada "Grupo 1820", encabezada por Luis Arroyo, ganó las elecciones a Junta de Gobierno del Ateneo. Lo hizo con el 47,5% de los votos. Concurrieron otras cuatro candidaturas. En segundo lugar y con el 29% de los votos, estuvo "Convergencia e Independientes y Conciliadores", una candidatura de alianza encabezada por mi persona. En tercer lugar y con el 11,7% quedó "Red Ateneísta", liderada por Juan Armindo, presidente de la Junta de Gobierno del Ateneo entre junio de 2019 y este mayo de 2021 (se presentaba a la reelección). Las cuarta y quinta candidaturas en liza obtuvieron el 7,7% y 3,9% de los votos respectivamente. Luis Arroyo, así, es ahora el presidente. Pero no por "mayoría absoluta", como se ha escrito, incorrectamente, en algunos medios.

Su grupo se constituyó externamente al Ateneo hace año y medio (aprox.). Luego, fueron haciéndose socios/as. Hasta 200 (según sus propias fuentes y publicado, tanto antes, como después de las elecciones, en varios medios). En las elecciones, su candidatura tuvo una meridiana de 259 votos. Es decir, ha tenido voto de quienes ya eran socios/as del Ateneo con anterioridad. Pero ese voto, si bien decisivo, no ha sido grande en proporción: menos de 1/4 del total de la candidatura.

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Me parece injusta la campaña mediática que desplegaron Arroyo y su grupo (es cierto que tanto Luis como otras personas del "Grupo 1820", son mediáticas). Muy resumidamente: presentar un Ateneo de Madrid ajeno a la democracia, oscuro, hundido... y que, por tanto, ellos y ellas -el "Grupo 1820"-, acudían a rescatar. Un vistazo por Internet corrobora al lector cuando digo. Fue una caricatura.

Es cierto que la entidad tenía y tiene problemas. Yo mismo he sido muy crítico con la gestión del ya expresidente Juan Armindo. Pero de eso, a la "pintura negra" del Ateneo hecha por Luis Arroyo, quien llegó a escribir en un conocido diario, dos días antes de las elecciones, que el Ateneo de Madrid era "lo más alejado a la democracia" (palabras literales), media un abismo. Atención a esto: dos días después, ganaba las elecciones. Yo pregunto: ¿en cuál otra gran entidad española, un grupo -objetivamente-, "de recién llegados", se hace con el Gobierno a través de las urnas? Lo siento mucho, pero Luis Arroyo no puede responder a esa enorme, colosal contradicción dialéctica: la de que su "Grupo 1820" y él han ganado, precisamente, porque el Ateneo de Madrid es una asociación muy democrática, muy accesible, nada cerrada. Y ahí, precisamente ahí, radican la hipocresía y la gran estafa conceptual de cuanto ahora está en marcha por Luis Arroyo: cambiar el Reglamento del Ateneo; la Constitución de la sociedad.

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Cambiarla, para blindarse en el Gobierno. Para perpetuarse. Para que la Dirección del Ateneo pase de social, a corporativa. Un consorcio, en la práctica. Ya no una asociación.

Se quiere cambiar ahora -el Reglamento-, en sentido de alargar los mandatos, reducir las Juntas Generales (además de sus potestades) y facilitar el procedimiento de expulsión de socios/as del Ateneo. Esto -que es así y puede comprobarse-, ¿es, por ventura, más democracia? ¿Cómo se puede estar de acuerdo con eso, por favor? La Convergencia para la Estabilidad Democrática del Ateneo -el grupo de socios/as más duradero y de mayores resultados-, no estamos de acuerdo.

La Convergencia la formamos en 2010 y junto al fallecido filósofo, presidente del Ateneo, D. Carlos París. Ahora la encabezo yo, quien fui secretario-coordinador de actos con París. No me comparo. Mas tampoco admito -otra hipocresía-, a quienes justifican su paso al “Grupo 1820”, con el pretexto de que nos hemos vuelto "sectarios". Si defender los mismos principios que nos dieron origen, es ser "sectarios", pues entonces, sí; lo somos: "ardientemente sectarios", que defendía Azaña cuando se lucha por algo justo.

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Pero este artículo no va dirigido solamente a socios/as del Ateneo. También, a la sociedad madrileña y española en general. Hablo claro, hablo alto, hablo a todos: ¿importa que el Ateneo de Madrid cambie su Reglamento y pase de un modelo social a uno gerencial y corporativo? Sí importa. Ahora lo explico...

Lo primero, muchas veces ignorado, decir que los grupos electorales del Ateneo -máxime los grandes-, no son correspondencia de los partidos políticos de nuestro país. En todos los grupos electorales del Ateneo hay personas de todos los partidos y también de ninguno. Mucha atención a esto. Sin entenderlo, nunca se entenderá nada del Ateneo de Madrid y su gran democracia hasta hoy.

A la Convergencia, algunos de nuestros rivales electorales en varios años les ha gustado -es su derecho-, llamarnos "los comunistas". Carlos París fue militante del PCE y yo lo soy, cierto. Pero en la Convergencia para la Estabilidad Democrática del Ateneo hay personas, muy probablemente en mayor número, de Podemos, del PSOE y del PP, por ejemplo. Y muy bien que está, deseo añadir.

Recordemos, y atención, que en el mismo "Grupo 1820" están personas del -o muy próximas al-, PSOE, como el propio Luis Arroyo (fue asesor de Dña. Carme Chacón), junto a personas como el Sr. José María Lasalle, ex secretario de Estado con el PP. El propio "Grupo 1820" ha señalado en los medios esta diversidad, la cual tienen todos los grandes grupos electorales del Ateneo de Madrid. Ninguno es monocolor.  Ni lo pretende.

¿Qué es entonces lo que define? Atención a esto: la forma en cuanto al funcionamiento interno del propio Ateneo (más, o menos, democrático) y su lugar en el exterior (más, o menos, independiente).

Posiblemente, yo tengo más afinidad ideológica, en principio, con Luis Arroyo, que con integrantes de la Convergencia en la que estoy. Sin embargo, me hallo muy distante del modelo de funcionamiento para el Ateneo de Madrid que defiende Arroyo. Y a la inversa, coincido, en la Convergencia y con nuestros aliados de "Independientes y Conciliadores"; coincido -iba yo diciendo-, sobre el Ateneo de Madrid, con personas que piensan distinto -incluso, muy distinto-, a mí en otros temas. Esto, reitero, es lo normal en los grandes grupos electorales ateneístas.

Lo que se dirime nunca es UP, AM, PSOE, Cs, PP... Lo que se dirime -siempre-, es un Ateneo más de los socios/as, o menos. Más independiente de poderes externos, o menos.

El Ateneo de Madrid siempre ha sido una asociación que ha colaborado con muchísimas entidades. Mas la clave de que su independencia se haya mantenido hasta hoy, radica en su Reglamento, el cual garantiza que la dirección del Ateneo sea a todos los niveles (atención a esto) de sus propios socios y de sus propias socias. Esa, justamente, ha sido hasta hoy la clave de la independencia del Ateneo de Madrid, la última gran institución de sus características, en España, en cuyo gobierno no participan entidades externas. ¿Y esto es bueno para Madrid, bueno para España? Pues rotundamente sí, porque garantiza que siga habiendo un gran espacio -histórico y en pleno corazón de la capital, a cien metros del Congreso de los Diputados-; un gran espacio, digo, auténticamente neutral. Y especifico cuál significado doy a esta palabra aquí: un espacio en el que todos (los demócratas) puedan exponer sus ideas, por diferentes -incluso opuestas-, que resulten, con la garantía de que dicho espacio no es de nadie, por ser solamente de los propios socios y de las propias socias ateneístas, quienes a nuestra vez lo ponemos al servicio de todos, cada cual según sus gustos. Pero garantizando -por la misma pluralidad de la masa social ateneísta-, la diversidad. Por eso -insistamos-, la garantía de un Ateneo de Madrid plural es un Ateneo de Madrid social.

Si se cambiase el Reglamento como algunos quieren, se rompería el equilibrio. El Ateneo pasaría de ser de todos por ser de nadie, a ser de un determinado grupo mediático, o político, o empresarial. O todo en uno. Hablo, por tanto, de algo muy serio. Algo que excede, con mucho, el propio ámbito del Ateneo de Madrid. Por ello, también, he querido escribir este artículo y en medio tan relevante; donde escribió D. Carlos París. También yo he escrito en alguna otra ocasión. Probablemente sea esta, sobre este asunto, la más trascendental.

Desvirtuar un lugar enorme, histórico, que es independiente en términos veraces, sólo puede resultar en un hondo empobrecimiento de la Cultura, de la Política, de la Sociedad en general. Por ello afirmo, sin un ápice de exageración, que cambiar el Ateneo de Madrid -de uno social, a otro gerencial/corporativo-, es empobrecer Madrid y es empobrecer España. Óigase bien lo que digo.

Como cabeza del segundo grupo electoral más votado y el primero entre socios/as de más de un año de antigüedad (sin que excluya que nos hayan votado -como nos han votado con plena conciencia-, socios/as recientes); en esta condición, digo, he propuesto a personas de referencia en otros grupos electorales ateneístas; personas como Juan Armindo -más allá de las agudas diferencias que tuvimos en el pasado-, y D. Antonio Chazarra; les he propuesto, ver la posibilidad de un pacto integral por la defensa del Ateneo de Madrid que conocemos. El democrático. El histórico. El social.

Yo he hecho esta propuesta de manera pública; en Junta General del Ateneo fecha 5 de julio. Hoy la reafirmo.

Es mentira, sencillamente, que el Reglamento necesite ser cambiado. Los problemas del Ateneo no derivan de una Constitución la cual es, sencillamente, magnífica; obra no casual de intelectos aún no superados en la Historia de España. Atención a esto. Si Luis Arroyo quiere que se vote a la Junta de Gobierno cada cuatro años en vez de cada uno (cada puesto se vota realmente cada dos años -conste-, pero se vota en dos mitades años alternos); si Luis Arroyo quiere esto, digo, no es porque el Ateneo lo necesite, sino porque él y sus intereses lo necesitan. Es una burla que quien basó su campaña electoral en que el Ateneo de Madrid es el lugar "más alejado de la democracia" (palabras literales, recordemos), proponga cambiar el Reglamento para quitar elecciones y quitar Juntas Generales. ¡Gran democracia esa, sí señor! Resulta una tomadura de pelo que los y las ateneístas no debemos permitir.

La posición de la Convergencia para la Estabilidad Democrática del Ateneo, ya expuesta públicamente, es que no se cambie ni una coma del reglamento ateneísta. Resulta bien sencillo: el cambio que se propone no nace de una voluntad social mayoritaria, mas del sólo interés del actual presidente, Luis Arroyo, y quienes le siguen.

Aquellas personas y grupos -lo expreso muy claro-, que ahora dicen, "Bueno, pues si hay que cambiar el Reglamento, hagámoslo para bien", pecan de una enorme ingenuidad, casi suicida. Ignoran o quieren ignorar, que no se trata de un cambio de Reglamento que haya nacido del propio Ateneo, sino del cambio de Reglamento que ha inducido Luis Arroyo para sus propios intereses. ¡No se puede ignorar! Salvo que se esté en el juego…

Voy finalizando y digo...

A los otros grupos electorales: que Convergencia ofrecemos un pacto para mantener el Reglamento del Ateneo. Somos el grupo más grande tras del "Grupo 1820". Pero nuestra magnitud queremos ponerla al servicio de mantener el mejor Reglamento democrático que existe en nuestro país, no de cambiarlo. Debo señalar, que este ofrecimiento a otros grupos está teniendo, en general, buena acogida. Pero debemos concretar. Estoy por otro parte obligado a avisar, muy seriamente, de una cosa: que ningún otro grupo o particular pretenda usar a Convergencia -sabiendo su fuerza-, como elemento de presión para negociar mientras otros/as sus pequeñitos "estatus" con Luis Arroyo. Quede esto claro: la Convergencia ofrecemos un pacto integral de defensa del Ateneo independiente y democrático. Si de cuanto se trata es de que cada cual negocie para sí; para su interés, con Arroyo, eso -¡aviso!-, también podríamos hacerlo, si quisiéramos, la Convergencia, y con mucha mayor fuerza. Lo aviso para quienes nos tomen por ingenuos...

A los y las ateneístas, Convergencia para la Estabilidad Democrática del Ateneo les decimos: nosotros/as vamos a defender sin cortapisas que se mantenga el Reglamento del Ateneo. Que se vote con la periodicidad que se vota. Que las Juntas Generales sean cuando son, que los socios/as tengan el papel directivo que tienen. Todo eso, que lo hemos llevado expresamente, literalmente, en nuestro Programa electoral en mayo de 2021 (y desde que nos constituimos en 2010, nadie lo olvide...); todo eso, digo, vamos a continuar defendiéndolo con la misma energía, con la misma pasión, con el mismo compromiso... de siempre. Os transmitimos esa confianza, esa seguridad. Y allá quienes deseen jugar a las ambigüedades, al birlibirloque, al postureo vacío... nosotros, nosotras, no: ¿cambiar el Reglamento del Ateneo de Madrid? Ni una coma.

A Luis Arroyo, actual presidente, con quien tengo buena relación personal a pesar de todo (pienso que él cree que hace lo mejor. Otra cosa, son las personas arribistas quienes se le van sumando y le hundirán al fin; tiempo al tiempo...); a Luis Arroyo le digo en mi deber de conciencia: no sigas con el cambio de Reglamento que quieres hacer, que estás intentando. Como presidente, puedes hacer muchas cosas, muchas. Tienes el Gobierno. Pero cuanto pretendes, lo sepas o no, es cambiar el Régimen. Y eso no es justo ni es bueno, porque se trata del régimen más democrático que tiene ninguna gran institución cultural española. El que más. Por eso te digo, por favor: para; detente, porque estás iniciando un conflicto el cual no vas a poder ganar. Tienes medios a tu disposición; tienes recursos... pero no vas a poder ganar en esto. Los conflictos, -como la Historia nos recuerda, a veces para bien, otras para mal...-, no siempre los gana quien tiene más medios, no. Yo te digo, Luis, sin ofenderte, que por fuerza mediática y contactos económico-políticos que tengas, el Ateneo social es más fuerte que tú. Más fuerte. No le plantees la batalla de cambiar su histórico Reglamento, porque la perderás. Y la Convergencia para la Estabilidad Democrática del Ateneo, modestamente, contribuiríamos a ello. Por eso te pido: no plantees esa guerra. Aún es tiempo... no estamos obligados a luchar. No cambies el mejor de los Reglamentos; el de muchas generaciones más brillantes que tú y que yo. No hace falta. Puedes hacer muchas cosas sin necesidad de cambiar el Reglamento. Si te empeñas, tú sabrás por qué. Pero si sigues, te derrotaremos seguro. Y será una derrota de la cual, dentro del Ateneo de Madrid, no te recuperarás nunca. Quien avisa no es traidor...

A la sociedad madrileña; española en general, le explico: si el Ateneo -cambio de Reglamento mediante-, dejase de ser lo que es; lo que siempre ha sido, perderemos todos. Todos. Se perderá un lugar emblemático en el que no manda -dicho sea con todo respeto-, ningún partido político, ningún gobierno, ningún grupo empresarial y/o mediático... un lugar que puede y quiere acoger, pero en el cual no mandan más (ni menos), que sus socios y que sus socias. Por ello el Ateneo de Madrid ha sido y es ese lugar donde pueden hacerse actividades impagables que, en otros lados, no. Por ello el 15-M se presentó en el Ateneo de Madrid (11 de mayo de 2011) y no en otro lado. Lo recuerdo bien... Carlos París era presidente y yo secretario-coordinador de Actos. El Ateneo de Madrid debe seguir siendo ese lugar capaz de hacer, para bien, posible lo imposible. No un sitio como tantos otros al uso (dicho sea con respeto).

Esa es la auténtica grandeza del Ateneo de Madrid. La que consagra su histórico Reglamento. La que defienden sus socios y sus socias. Por eso digo, ya para terminar, que, si hay un momento para hacerse socio, hacerse socia, del Ateneo de Madrid, y defender así la mejor Cultura, la mejor Política, la mejor Ciencia... de la España Independiente; ese momento, digo, es este, es ahora.

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