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Opinión · Otras miradas

Valentín Formoso, el socialismo de lo posible

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La política es una apertura constante de ventanas al exterior, ya que necesita de un estado permanente de escucha empática y, cuanto más complejo e impredecible es el contexto socioeconómico, como el actual, mayor es la obligación de los que lideramos instituciones y partidos de permanecer a pie de calle y acercarnos a la realidad social para enfocar nuestras tomas de decisiones. No basta solo con señalar los problemas porque eso no libera a la ciudadanía de la sensación de hallarse en un callejón sin salida, debemos de trabajar en el socialismo de lo posible, que no es otro que el de aportar soluciones y gestionarlas para mejorar la vida de las personas.

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Si los que hemos dado un paso al frente en política no ponemos en práctica ese ejercicio tenaz de entender a la sociedad nos faltará el criterio necesario para definir primero nuestras propuestas y comunicarlas y, después, efectivizarlas con objetivos claros de país; tendremos poco recorrido. Lamentablemente, ese es el mensaje que los electores nos han trasladado con claridad a los socialistas en los últimos comicios autonómicos, dejándonos como tercera fuerza en el Parlamento a pesar de que solo dos años antes conseguimos gobernar en los municipios más poblados de Galicia, por lo que en estas primarias que ahora afrontamos nos toca reflexionar y decidir sobre si el camino que estamos recorriendo como proyecto gallego es el correcto.

La autocrítica por la obvia desconexión social, inexistente hasta el momento, debemos realizarla ahora en este proceso colectivo, con humildad pero también con honradez y valentía, porque Galicia necesita de un cambio de rumbo y estamos obligados, como partido que sale a Gobernar en todas las convocatorias electorales, a reconectar con la sociedad gallega.  Así pues, un político que no escuche a la gente carecerá de las claves necesarias para abordar los asuntos de su municipio, de su comunidad y de su país.

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Por eso, como alcaldesa, aprecio y valoro la decisión de Valentín Formoso, homólogo de As Pontes y presidente de la Diputación coruñesa, de dar la batalla del socialismo de lo posible también en el ámbito gallego. Porque si alguien reconoce el valor de la cercanía es él, que lleva 14 años al frente de su municipio y una década revalidando el cargo con mayoría absoluta, y lo ha conseguido escuchando, con proyectos, gestión y convicción en los planteamientos, aportando soluciones, atrayendo el talento, creando equipos y alcanzando acuerdos, la misma fórmula que intenta aplicar en la Diputación. Sin esas fortalezas no hay liderazgo ni credibilidad, con ellas hay futuro.

Porque lo que votaremos en estas primarias es la esperanza de un futuro de cambio socialista en la Xunta que podamos trasmitir con total nitidez a la ciudadanía, y la alternancia al frente del Gobierno gallego tiene que llegar de la mano de líderes con ambición de avanzar, de crecer y luchar por un proyecto común, consensuado y compartido.

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Pero este mensaje no debe sustentarse en enfrentamientos ni agravios entre compañeros, sino en el respeto y en la suma, porque solo si estamos cohesionados a nivel interno convenceremos a nuestros electores.

Una de las muchas lecciones que nos deja la pandemia es que la sociedad ni quiere ni merece una permanente polarización, sino una unión de fuerzas.  Y ese es primer movimiento de escucha que debemos atender y entender si no queremos ver frustradas una vez más las expectativas en unas próximas elecciones autonómicas. Solo sumando, avanzaremos.

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