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Opinión · Rosas y espinas

Rajoy desoye a su Dios

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No sé si se habrá fijado nuestro pisoteado ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, en el significado que pueda tener el hecho de que una iglesia haya aplastado una escuela. Sucedió el jueves en el pueblo gaditano de Medina Sidonia, y el mismo día en que padres, alumnos y profesores se movilizaron contra los recortes en educación, en defensa de una enseñanza digna y todas esas chorradas de críos.

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Resalto este derrumbe porque nuestro gobierno es muy de misa y milagrero, y dios no desploma nunca sus iglesias porque sí, como todo el mundo sabe. Si dios, por ejemplo, hubiera escuchado al ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, relacionar el aborto con los asesinatos de ETA, habría desplomado una herriko taberna sobre una embarazada. Pues resulta que no. A quien escucha dios, del gobierno nuestro, es al ministro Wert. Por eso, y no por otra cosa, nos manda una señal y desploma una iglesia sobre una escuela. No existe otra explicación.

Este gobierno subvenciona a dios, al nuestro, al verdadero, con unos 10.000 millones de euros anuales que el altísimo se embolsa a través de la iglesia de monseñor Rouco Varela, mientras se recorta en educación y ciencia. Con esta verdad incuestionable en la mano, lo que tendría que haber ocurrido es que fuera una desatendida escuela la que se derrumbase sobre un campanario. Pero no. Lo sucedido en Medina Sidonia ha sido todo lo contrario, y eso viene a confirmar, de forma prístina, que es la iglesia la que necesita más y más dinero, y no la escuela. Que los españoles precisamos más fe y menos educación, en resumen. Que el 1% de nuestro PIB es todavía simonía insuficiente para garantizarnos la salvación eterna. Y es que, todo hay que decirlo, tenemos una mierda de PIB.

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Sin embargo, como este gobierno siempre anda haciéndole más caso al pueblo que a dios, ayer nos enteramos de que los de Rajoy aplazan la denominada Ley Wert de reforma de la educación por culpa de una simple huelga, según ellos, muy minoritaria. A lo peor es que no se enteraron de los milagrosos sucesos ocurridos en Medina Sidonia. De la señal divina. De la contraepifanía arquitectónica.

Yo no sé si tal apostasía será causa de excomunión. Con la subida al limbo de la Ley Wert, Mariano Rajoy ha incumplido la más sólida de sus promesas electorales, la última, la de gobernar “como dios manda”. Si a Pablo de Tarso lo convirtió dios a la fe con el único gesto de tirarlo del caballo y darle unas voces, no quiero yo pensar lo que tendrían que haber hecho Rajoy y Wert, a quienes el señor ha tirado toda una iglesia encima de su ley educativa.

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Gobernar España como si fuera un estado aconfesional es un despropósito de estos políticos posmodernos que, por mucho que se digan católicos y apostólicos, ignoran con desdén la máxima incuestionable del neoliberalismo: a dios rogando y con el mazo dando al pueblo. Si es que estamos acojonados por los rojos quemaconventos y jodemonjas que habitan España, y hasta dios se ha cabreado, por una vez, con razón.

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