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Las llamas y una gran columna de humo arrasando las chabolas de Lepe el domingo. /ANTONIO ABAD

Un inmigrante pasea por una zona arrasada por el incendio en el asentamiento chabolista. /ANTONIO ABAD

Vista de una zona del asentamiento de chabolas de Lepe. /ANTONIO ABAD

Palés apilados en el asentamiento chabolista de Lepe antes del incendio. /ANTONIO ABAD

Multitud de palés amontonados en el asentamiento chabolista de Lepe antes del incendio del domingo. /ANTONIO ABAD

Multitud de palés amontonados en el asentamiento chabolista de Lepe antes del incendio del domingo. /ANTONIO ABAD

Todos los enseres acumulados en el asentamiento chabolista de Lepe antes del incendio. /ANTONIO ABAD

El interior de una de las infraviviendas en el asentamiento de Lepe. /ANTONIO ABAD

El Ayuntamiento de Lepe abandona a su suerte a medio centenar de temporeros tras el incendio de las chabolas donde vivían

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El incendio del pasado domingo en el asentamiento chabolista de Lepe ha dejado sin un techo donde cobijarse a medio centenar de temporeros sin papeles. El Consistorio sólo les dio refugio durante dos días. Muchos de ellos ya han empezado a reconstruir de nuevo sus infraviviendas ante la falta de ayudas públicas para no estar en calle.

Sociedad

“No ha sido el primer fuego ni el más grave que ha habido en el asentamiento de Lepe para inmigrantes”. Antonio Abad, técnico de proyectos de la ONG Asnuci (Asociación de Nuevos Ciudadanos por la Interculturalidad) habla del incendio que el pasado domingo dejó sin viviendas precarias a más de medio centenar de inmigrantes. La mayoría proceden de países como Mali, Costa de Marfil, Mauritania, Senegal, Marruecos o Gambia. Tienen menos de 40 años y se han jugado su vida para trabajar de forma infrahumana en Europa. “Las chabolas arden sin la menor dificultad por los materiales inflamables con los que construyen sus casas”.

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El Ayuntamiento solo ha cedido el centro polideportivo dos días tras el incendio del pasado domingo

Palés de madera, plásticos de invernaderos para cubrir el techo, alambres para amarrar las estructuras. Las precarias condiciones de vida en las chabolas no quedan resueltas ni por los empresarios agrícolas ni por el propio Ayuntamiento, gobernado por el PP. Los temporeros sin papeles se enfrentan en este pueblo de Huelva a vivir sin techo, a trabajar a pleno sol y a construir en pocos días unas casas que no le permitan vivir a la intemperie. El Ayuntamiento solo ha cedido el centro polideportivo dos días tras el incendio del pasado domingo. A partir de las 48 horas han tenido que buscarse la vida.

El segundo incendio de 2017

El problema para Juana, vecina del pueblo, es que “ya arde sobre lo afectado”. En el mes de abril, el fuego arrasaba doscientas chabolas. Los sucesos ocurrían en plena campaña de recogida de la fresa. Fueron desalojadas casi 800 personas. “Era muy triste ver a muchos de los que se quedan hartos de la situación a esperar más cosechas y que encima su casa salga ardiendo”, aclara esta vecina a Público. En las construcciones precarias sólo había al inicio de verano cincuenta inmigrantes. Cuatro días después del incendio, los servicios sociales de Lepe no dan declaraciones a Público. Tampoco quieren aportar datos en el Consistorio. “La situación se está normalizando”, destacan desde la oficina de prensa del gobierno local. Los inmigrantes del asentamiento inician una vez más la reconstrucción de sus viviendas a cuarenta grados.

"La causa fundamental de los incendios es la precariedad de las chabolas en las que sus habitantes calientan agua para el aseo personal o para cocinar"

“La causa fundamental de los incendios es la precariedad de las chabolas en las que sus habitantes calientan agua para el aseo personal o para cocinar”, apunta Alicia de Navascués, miembro de Asnuci. Las autoridades están investigando un posible “origen intencionado” de este tipo de incendios, tal y como se destaca en el informe “Estudio del hábitat: el asentamiento del cementerio de Lepe”, elaborado por Asnuci y Periferias, para la Dirección General de Políticas Migratorias de la Junta de Andalucía. De Navascués ha participado como arquitecta en su redacción. “El Ayuntamiento de Lepe tiene un protocolo de emergencia junto con Cruz Roja para atender durante las primeras 48 horas a las personas afectadas por los incendios. Tras dos días, ese apoyo desaparece. Somos las organizaciones las que intentamos buscar soluciones a los afectados”. De Navascués declara que “en muchas ocasiones lo han perdido todo, incluso los papeles necesarios para la residencia o los ingresos que han obtenido en la campaña agrícola”. En 2009 el Ayuntamiento de Lepe inició la construcción de un albergue municipal para atender a los temporeros, con capacidad para 76 personas. Las obras se encuentran actualmente paradas casi a punto de ser terminadas.

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El trabajo de Periferias-Asnuci con la Junta no solo analiza las causas de la implantación de estos asentamientos y su morfología. El conocido efecto llamada provocado por la actividad agrícola de temporada y la vulnerabilidad de la población inmigrante, destaca que las condiciones de sus habitantes que acentúan sus 'vidas en riesgo’ que empezaron muchos antes.

De Navascués advierte de que sí que hay avances pero muy lentos. El último, “la aprobación medidas fiscales para bonificar viviendas que se alquilen a temporeros y las obras que realicen empresarios para alojamientos para sus trabajadores” A pesar de todo, no han cobertura a la situación.

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La historia de Alassane

Antonio Abad recuerda la historia de muchos de los jóvenes que han pasado por aquí. “Estos inmigrantes han sufrido una verdadera odisea para llegar a España pero eso importa poco”, aclara. Alassane es un joven que Abad no ha logrado olvidar por su testimonio. “Con tan solo 18 años llegó en patera a España. A los pocos días comenzó a trabajar en la fresa y cayó muy enfermo”. Antonio destaca cómo los médicos creían que era “muy flojo” por las duras condiciones de trabajo en los campos de Lepe. Alassane tenía una tuberculosis ósea que después de dos años lograron diagnosticar. “Estuvo a base de paracetamol mucho tiempo. Luego vinieron las operaciones y a día de hoy este joven anda con dos muletas”.

Su recuperación continuó en la residencia de Cáritas de Córdoba tras una decena de intervenciones y conseguir la nacionalidad. “Después de casi siete años de sufrimiento Alassane ha recibido una carta para salir del país”, apunta Antonio. El escrito señala que no ha abonado ningún seguro médico en sus años de residencia en España. “Se tiene que ir a Mali. Lleva aquí muchos años y lo invitan a irse. Las leyes de extranjería no ayudan a la integración de estos inmigrantes. Solo buscan echarlos de aquí”.

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Un asentamiento con 16 años de antigüedad

"La mayoría de los habitantes de los asentamientos son personas muy vulnerables, con pocos recursos económicos"

La organización Cepaim, otra de las organizaciones que trabaja sobre terreno declara que este asentamiento chabolista se remonta al año 2001. “La finalidad es encontrar un empleo en las campañas agrícolas. Empiezan a ocupar las pequeñas casas abandonadas situadas en los campos de naranjas. A partir del año 2010 comienza a llegar un número considerable de personas en busca de trabajo como jornaleros, debido a la situación de crisis”. El asentamiento aumenta en los meses de enero a mayo, llegando a residir entre ciento cincuenta y quinientas cincuenta personas, en su mayoría hombres.

Con un estado anímico por los suelos

Abdou ha trabajado durante un largo período en las campañas de fresa y naranja que hay en Lepe. Ese día no estaba en el asentamiento pero muchos de sus habituales compañeros estaban allí. Lleva casi 15 años trabajando en Europa. “Mis compañeros se encuentran muy mal de ánimos. No solo pierden donde viven. Pierden su dinero, sus papeles y la poca vida que han logrado construir”.

Alicia de Navascués declara el perfil tan vulnerable de estos temporeros sin papeles. “La mayoría de los habitantes de los asentamientos son personas muy vulnerables, con pocos recursos económicos, algunos tienen serias dificultades para hacerse comprender por el idioma que desconocen, hay gente muy joven recién llegada de África tras grandes esfuerzos personales y familiares, con travesías a sus espaldas de grave riesgo para su integridad”. La gran decepción de llegar a Europa y encontrar estas condiciones “lamentables” no es un trago fácil para ninguno de ellos.

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