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Las mujeres sólo han obtenido el 27% de la candidaturas en la gala de los Goya 2018. | EFE

Igualdad "Nuestra Oprah Winfrey sería una de las Kellys o de las espartanas de Coca-cola"

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En la antesala de los Goya, el mundo de la cultura en España se revuelve en sus butacas: ¿será el #metoo algo más que un puñado de abanicos o rosas blancas y empezará a dinamitar las diferencias de género en la industria cultural?

Sociedad

Que las denuncias en redes sociales están tomando legitimidad de sentencia jurídica no le ha pasado desapercibido a nadie. "Es una consecuencia de un sistema judicial deficiente, pero puede ser muy peligroso", apunta la ilustradora Inma Ramos. El actor Kevin Spacey fue fulminantemente despedido del rodaje de la serie House of cards en cuanto salieron a la palestra mediática los primeros episodios de supuestos abusos sexuales reiterados. Repudio y escarnio público para el depredador sexual Harvey Weinstein —y hasta alguna bofetada—; o el caso de la productora de la última película de Woody Allen, que se está replanteando sacar adelante el film del famoso director ahora que la opinión pública (y los actores y actrices que han trabajado con él) parece que creen en la versión de su hija adoptiva, Dylan Farrow, 25 años después de que denunciara que había sufrido abusos sexuales por parte de Allen.

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Sorprende que en este tiempo (casi) nadie haya atado cabos al notar la fijación del director de Annie Hall con los affaires entre jovencitas y señores de edad avanzada —en la mayoría de los casos interpretados por él mismo— que aparecen en muchas de sus películas. Lo cuenta muy claro la escritora Claire Dederer: "Manhattan y su historia pro-chica anti-mujer tendría una trama inquietante aun incluso si nunca hubiera aterrizado el huracán Soon-Yi [la hijastra de Allen, con la que se casó]".

Lo cierto es que el mundo del espectáculo está en el foco de todas las miradas ante la escala de denuncias de acoso que se han ido haciendo públicas. "Si nos ha pasado a todas en nuestros contextos laborales, ¿cómo no va a pasar en Hollywood?", se preguntaba con sorna la periodista Irantzu Varela. Estas semanas el feminismo ha desfilado en forma de rosas blancas, trajes negros o bajo explícitos discursos por algunas ceremonia de entrega de galardones tanto del mundo musical como del cinematográfico.

Ahora toda la atención recae en la gala de los Goya, y ya no sólo por saber el nombre de los ganadores de las preciadas estatuillas. Será ganador —en masculino seguro— en alguna categoría como la de Mejor director de fotografía, Mejor música original o Mejor sonido a las que no concurre ni una sola aspirante con nombre de mujer. ¿Dónde están ellas si, como dice la directora y guionista Mabel Lozano, "somos el 50% del talento"? En total, la cuota femenina en esta edición se reduce al 27% de las candidaturas según la asociación de mujeres cineastas CIMA.

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Precisamente, la autora del documental Chicas nuevas 24 horas también estará en la fiesta más importante del cine español nominada por su último cortometraje, Tribus de la Inquisición. Mabel Lozano incide en la idea de que, ante la masculinización de muchos sectores como el del cine, se vuelve necesario fijar un porcentaje de presencia femenina —"aunque a mí no me guste ser una cuota", reconoce— que aumente la cantidad y la calidad de los roles en una industria que tanto influye en la construcción del imaginario de nuestras sociedades y que, como sostiene la profesora de la UOC Ana Bernal-Triviño, proporciona larga vida al patriarcado cuando ataca a la figura de las mujeres al cosificarlas o representarlas en una posición sumisa e inferior al héroe protagonista.

Un ejemplo: mujer joven, atractiva y prostituta conoce a multimillonario. El amor y los hoteles de lujo le hacen llegar a la conclusión de que la prostitución es algo degradante. "La película Pretty Woman hizo muchísimo daño porque nos hizo creer que de la prostitución se puede entrar y salir, y encima enamorada de un hombre rico", denuncia la cineasta. Las actrices no se cansan de denunciar los papeles que les escriben, sobre todo en las grandes superproducciones, los hombres guionistas. El rol de las mujeres no es equitativo ni dentro ni fuera de la pantalla. "Tampoco podemos ser solo las ‘entregadoras’ de los premios", algo que también criticó la actriz Leticia Dolera en la pasada gala de los Feroz

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Una Oprah en los Goya

En la reciente entrega de los Premios Grammy, las invitadas —desde Miley Cyrius a Cindy Lauper— llevaban una rosa blanca en solidaridad con las denunciantes de casos de abusos bajo la etiqueta #metoo para recordar que el tiempo de la desigualdad se ha terminado. Una idea que ha llegado hasta las pasarelas madrileñas de la Mercedes-Benz Fashion Week y que brotó del aplaudido discurso de la presentadora más famosa de Estados Unidos, Oprah Winfrey: "Durante demasiado tiempo, las mujeres no eran escuchadas o creídas cuando decían la verdad ante el poder de esos hombres. Pero su tiempo terminó".

"En Estados Unidos les gustan mucho las campañas con mensaje político pero eso no siempre garantiza cambios estructurales", replica Irantzu Varela. En la misma línea, la escritora Silvia Nanclares declara a Público: "Más que una gala [de los Goya] reivindicativa y que sea decisiva en lo simbólico, prefiero voluntad política y planes de igualdad".

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Eso se hace necesario sobre todo dentro de la propia industria, para que un acto reconvertido en feminista por necesidad no sea solo un escaparate, un hashtag o un vídeo viral que haga parecer al feminismo —como reprueba Mabel Lozano— un must o una moda de un año. Justo el pasado. 2017 fue para muchos medios el año en el que el feminismo convenció y conquistó la agenda mediática o como dice la escritora Aixa de la Cruz, "el año en el que muchas nos hemos enfadado al fin".

Para Varela, la centralidad y fuerte presencia que ha tenido el feminismo estos últimos doce meses ha venido de la mano del amplísimo espacio que ha ocupado la violencia contra las mujeres en todas sus variantes (de Juana Rivas a Diana Quer pasando por el juicio a La Manada). "Debemos de estar viendo solo el 1% de todo lo que ocurre", afirma a Público la youtuber Carolina Iglesias. "Creo que ha sido más una respuesta a las salvajadas de violencias machistas más que una voluntad generalizada de volverse feminista". Y sigue Varela: "A mí nunca me habían insultado tanto como en 2017". Y no ha sido la única.  "La reacción, además, a estos avances hacia una sociedad más igualitaria han sido, son y van a ser feroces",  pronostica Nanclares.

Leticia Dolera.

Aunque en España falte una personalidad que apoye el discurso de la igualdad y que tenga tanta proyección mediática como Oprah Winfrey, muchas de las mujeres del ámbito de la cultura consultadas por este medio no la echan en falta. "No necesitamos una mujer ultra carismática y famosísima y menos si es multimillonaria. Tenemos al movimiento feminista", apunta Varela. O como replica Aixa de la Cruz: "Leticia Dolera ha hecho un trabajo de concienciación importante este año y me la creo más que a una diva rica".

Para la ilustradora Inma Ramos, "nuestra Oprah podría ser una de las Kellys, alguna espartana de Coca cola o participante en cualquiera de los muchos colectivos que luchan por los derechos de las mujeres en nuestro país". Otros nombres de mujeres que salen en la conversación y que han logrado que el feminismo sea noticia todos los días del año son Luna Miguel, Barbijaputa, Gabriela Wiener, Ada Colau, June Fernández, Andrea Momoito, Lucía Lijtmaer o Cristina Fallarás.

#Amitambién

"Estoy de acuerdo en que falta [en el mundo de la cultura] más valentía, posicionamiento, debate y diálogo", apunta Amparo Sánchez, Amparanoia, "pero hay que tener en cuenta que hace relativamente poco tiempo que estamos dentro de la industria. Somos minoría, estamos peor pagadas y nos cuesta el doble o el triple demostrar nuestro talento". Aunque para las veterana artista, las generaciones jóvenes de mujeres vienen pisando fuerte con sus reivindicaciones, siguen siendo minoría en el escenario, en los carteles de los festivales y en las carátulas de los discos.

¿Ha faltado un #metoo español? Amparo Sánchez cree que sí: "Se hace más presión el 25 de noviembre y el ocho de marzo pero, ¿qué pasa el resto del año?", se pregunta. Y Silvia Nanclares responde nombrando a la plataforma La Caja de Pandora, un colectivo de apoyo nacido al calor del #metoo para las denuncias por agresiones sexuales en el mundo de las artes visuales y escénicas.

Para Nanclares falta autocrítica por parte de los hombres y cuestionar esos privilegios de los que gozan en la industria cultural. "Me preocupa también que las autoras, actrices, periodistas que den el paso, lo hagan solas y sufran estigmatización", añade. La también colaboradora de Público, Ana Bernal-Triviño, abrió un hilo de Twitter justamente el 25de noviembre, el Día internacional por la eliminación de las violencias hacia las mujeres, para recoger aquellas frases repletas de violencia machista que han tenido que aguantar las tuiteras. "Como no nos dan voz en los medios de comunicación, que es donde se puede hacer pedagogía, hemos ocupado las redes sociales", explica.

El miedo a denunciar, en Internet o en los juzgados, sigue ahí: "Ellos tienen el privilegio de ser creíbles y nosotras no". Una más de las ventajas de nacer hombre. Pero muchas coinciden en que hay un cambio latente entre las nuevas generaciones y algunas han ido a buscarlo al mejor contenedor de la cultura popular que tenemos en nuestras casas: la televisión. Lo dijo hasta Pablo Iglesias: "Es mucho más importante Operación Triunfo que el Telediario; los programas de entretenimiento y las series que los informativos". La youtuber Carolina Iglesias también se encargaba de dinamizar el chat tras las galas de una edición de Operación Triunfo que ha roto expectativas y se ha atrevido a cantar a Víctor Jara y a vestir el traje del feminismo en prime time: "Y de repente ves en el Canal 24 horas de OT a gente joven con sentido común y te sorprende que esté pasando en la televisión pública".

Siete visiones del feminismo

Aixa de la Cruz, escritora: "Si situamos las agresiones de menor intensidad abajo y las de mayor intensidad y punibilidad arriba, veremos que la pirámide se sustenta gracias a las primeras. En esto consiste entender que el machismo es un fenómeno sistémico y es sin duda esto lo que no han entendido las firmantes del manifiesto francés [que tacha al #metoo de ‘puritanismo’]”

Mabel Lozano, directora y guionista: "Luego voy a los institutos y les digo a las niñas que pueden ser lo que quieran, que rompan el techo de cristal, y me preguntan, ¿cuántos Goyas ganan las mujeres?"

Amparo Sánchez (Amparanoia): "Me gustaría que existiera un movimiento que haga más ruido, como en EE UU la Womens’ March o en Latinoamérica el #NiUnaMenos, donde se movilizó una parte de la población que en nuestro país no hemos visto jamás"

Inma Ramos, ilustradora: "El #metoo en lugar de señalar a quienes por los motivos que sean, callan, deberían apuntar al observador pasivo que mira para otro lado".

Ana Bernal-Triviño, profesora de la UOC y periodista: "El feminismo es el que convierte a las víctimas en supervivientes. Lo que ha conseguido el #metoo es que se empiece, solo se empiece, a creer a la víctima".

Carolina Iglesias, youtuber: "La propia experiencia te va haciendo más feminista. Es necesario incomodar. Una revolución no se hace pidiendo por favor las cosas. Creo que ha habido un cambio este año, y parte del cambio ha sido darse cuenta de que queda muchísimo por hacer para llegar a una igualdad real".

Silvia Nanclares, escritora: "Muchas mujeres, sobre todo en lugares de poder, estarán reaccionando a la incomodidad de este avance del feminismo que nos cuestiona a todos y desnaturaliza cosas que hasta ahora se daban por hechas".

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