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Vecinos de una de las comunidades participantes, en Cuatro Caminos (Madrid).

'La escalera', un proyecto para pinchar la burbuja individualista en tu portal

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Una joven sevillana ha creado una iniciativa para facilitar una red de apoyo entre vecinos y provocar una reflexión acerca de las relaciones cotidianas. Para empezar, solo hace falta poner unas pegatinas en el buzón y buena voluntad.

Sociedad

Un tramo de escalera con dos rellanos, en una casa modesta de vecindad. En este escenario, Urbano —uno de los protagonistas de Historia de una escalera— hace una recomendación a otro residente: "Te voy a dar un consejo. Aunque no lo creas, siempre necesitamos de los demás. No podrás luchar solo sin cansarte". Este fragmento del acto primero de la obra de Antonio Buero Vallejo podría servir de lema a 'La escalera', un proyecto de investigación e intervención social impulsado por Rosa Jiménez y desarrollado en Medialab-Prado en colaboración con Indaga Cooperativa y Equipo Andecha.

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"Me crié en Sevilla, en una comunidad muy pequeñita de la carretera de Carmona. Allí se limpiaba la escalera entre todos los vecinos, a excepción de los más mayores. Recuerdo que en el cuarto piso vivía Rosario, una señora con más de 70 años, que tenía las piernas fatal y siempre dejaba encargada la compra en el ultramarinos del barrio. Cuando pasaba alguien del bloque, se lo recogíamos y lo subíamos a su casa. Para mí, era lo lógico", recuerda Jiménez. Sin embargo, su traslado a Madrid en el año 2000 le devolvió una realidad diferente. "Aquí me di cuenta de que quienes vivimos de alquiler ni siquiera tenemos voz en las reuniones de vecinos, salvo que el propietario tenga el detalle de autorizarte", añade.

Una chispa de esperanza para noticias tristes 

Este duro contraste hizo que la mente inquieta de esta joven andaluza se pusiese a funcionar en busca de un 'lubricante' que reactivase la maquinaria perfecta que antes movía las relaciones entre inquilinos. La chispa saltó hace dos años, a consecuencia de una noticia tan triste como habitual en los informativos. "Entonces trabajaba en un grupo de investigación sobre cuidados y una compañera llegó muy afectada porque había escuchado que habían encontrado el cadáver de una anciana que llevaba muerta dos años y medio en su domicilio. Meses y meses sin que nadie se diese cuenta. Es horrible", cuenta. "Las dos comentamos que algo estaba fallando en nuestra sociedad para que hayamos dejado de responsabilizarnos los unos de los otros hasta ese punto. Así fue como se me ocurrió que hacía falta trasladar ese debate a los espacios comunes y tenía que ser de una forma sencilla, sin mucha tecnología", explica Jiménez.

Pegatinas contra el aislamiento

'La escalera' nace para facilitar una red de apoyo entre vecinos y provocar una reflexión acerca de las relaciones cotidianas en espacios comunes. El primer paso para adoptar este proyecto en una nueva comunidad es rellenar un formulario y, en breve, llegará respuesta de la organización con un tutorial con consejos de buena vecindad. Mientras tanto, los interesados pueden descargar un kit con un cartel informativo y pegatinas para que los participantes las coloquen en sus buzones  indicando la ayuda que pueden brindar al resto de sus vecinos: ‘Comparto WiFi’, ‘Te riego las plantas’, ‘Te subo la compra’ o ‘Te invito a un café’. 

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Pegatinas para ayudar a los vecinos

"Las pegatinas están muy bien porque te dan pistas, pero son demasiado concretas. Todos tenemos vidas muy complejas y a veces hay situaciones que van más allá en las que los demás pueden echarnos un cable", especifica Tania Bueno, impulsora del proyecto en su comunidad.

Por esa razón, Jiménez recomienda echarle imaginación y personalizar la experiencia lo máximo posible. "Hemos comprobado que en las comunidades donde los vecinos han acompañado el cartel de una carta manuscrita se ha recibido una respuesta mucho más amplia", indica. La creadora de este proyecto asegura que no ha habido ninguna comunidad en la que el impulsor de la iniciativa no haya encontrado respaldo y valora su éxito más allá de la cantidad de pegatinas que pueblen los buzones. "Se trata de romper esa burbuja hermética que crea silencios incómodos en el ascensor o que nos empuja a pedir el taladro a un amigo que vive en la otra punta de la ciudad por vergüenza a llamar a la puerta del vecino. El mero hecho de saber que puedes expresar lo que necesitas, ya es una victoria", valora esta sevillana.  

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Cómo desmontar las películas de terror vecinal

"Una comunidad es el espacio más cercano de encuentro y de poder echarte una mano, de intercambio; pero no porque lo necesites, sino como necesidad de espacio vital, de poder compartir con el más próximo algo, aunque sea lo mínimo", cuenta Nati, una vecina del barrio de Lavapiés (Madrid) que participó de la experiencia piloto de 'La Escalera'.

carta de una vecina de una comunidad de 'La escalera'

Sin embargo la ficción nos retrata escaleras en las que los vecinos pueden acabar contigo para hacerse con 300 millones de pesetas que duermen bajo una baldosa, como sucede en La Comunidad, de Álex de la Iglesia, o convertidos en voyeurs perversos como el L. B. Jeffries que retrata Alfred Hitchock en La Ventana Indiscreta. "El cine nos devuelve lo que vivimos en un espejo deformado. Si tenemos en cuenta cómo está el percal en las grandes ciudades, donde solo un perro o un bebé te sirven de excusa para establecer conversación con desconocidos, es normal que las comunidades se conviertan en historias de terror. Es una consecuencia de que hayamos perdido de vista las ventajas de vivir en sociedad", comenta Rosa Jiménez.

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En opinión de la creadora de 'La escalera', esta tendencia al individualismo viene dada por circunstancias difíciles de esquivar como la destrucción del tejido empresarial de barrio y jornadas de trabajo maratonianas que nos hacen regresar a casa cuando no queda un alma en el portal. "Por eso escogimos los buzones como expositor de las pegatinas. Nadie sube hasta el quinto si no es porque vive en esa planta o porque el ascensor está estropeado. Necesitábamos un lugar en el tuviesen que mirar sin excusa", aclara.

"Hemos perdido de vista las ventajas de vivir en sociedad"

Puede parecer que esta propuesta sólo tiene sentido en comunidades en las que ya haya buenas relaciones entre vecinos, pero el verdadero objetivo es saltar las barreras. "Este proyecto tiene una vocación intervencionista. Tratamos de acercar a los vecinos que habitan comunidades sin tejido de apoyo", reivindica Jiménez. Por lo tanto, si en tu escalera no cuaja, siempre puedes aventurarte a visitar otros portales vecinos y hacer a otros partícipes. "Escribí a mano doce cartelitos diciendo: 'Hola, he visto que has puesto una pegatina. Yo también conozco este proyecto. Te dejo mi número de teléfono, escríbeme por Whatsapp y hablamos. Así contactó conmigo una persona que no conocía y todavía seguimos ayudándonos", cuenta Tania Bueno. "En aquel momento acababa de nacer mi hijo y me apetecía hacer algo social. Esta iniciativa me dio la excusa perfecta para reconectar con los vecinos que ya conocía", admite.

Precisamente ese espíritu de ayudar sin esperar contrapartida hizo que su creadora descartase el banco de tiempo como punto de partida. "La bandera de este proyecto no es el intercambio. Lo importante es centrarse en las relaciones", defiende Jiménez. 

Los malos tratos no entran en este portal

El proyecto, que comenzó como un experimento modesto con financiación del área de Participación del Ayuntamiento de Madrid para siete meses, no ha parado de crecer.  La experiencia piloto arrancó en cinco comunidades de los distritos madrileños de Tetuán, Centro y Arganzuela y ya cuenta con 30 bloques de vecinos adscritos.

Barrios por los buenos tratos

Entre los retos futuros se encuentra ampliar el enfoque comunitario. "Es imprescindible que el barrio se asome a la escalera y viceversa", argumenta la creadora.  Esa es una de las razones por las que 'La escalera' se ha sumado a la campaña ‘Barrios por los buenos tratos‘.

Al principio se invitaba a los vecinos a poner un colgador en el pomo de la puerta para visibilizar la violencia machista y hacer saber a las vecinas que tienen aliados a los que pueden llamar, si lo necesitan. Sin embargo, los participantes optaron por una alternativa para hacer más presente la red de apoyo. "Sabemos que en muchas comunidades el único lugar de encuentro entre vecinos es el portal y que los buzones son un medio de comunicación estupendo. (...) Al fin y al cabo lo más habitual es que sólo veas las puertas de las viviendas de tu misma planta. Por eso hemos querido sacar una pegatina para que la coloquéis en vuestros buzones y le contéis a toda vuestra comunidad que queréis una escalera libre de malos tratos", explican en la web del proyecto.

'La escalera' también se ha extendido hasta los centros de salud, donde se imparten cursos sobre cuidados. "Nuestro objetivo es convertir esta iniciativa en un agente clave del desarrollo comunitario. Queremos que llegue incluso a la gente que está fuera del asociacionismo y que comprendan que esto está por encima de las afinidades. Todos necesitamos ayuda y podemos arrimar el hombro", concluye Jiménez.

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