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cambio climático ¿Y si el cambio climático trae diluvios en lugar de desiertos?

Un estudio de la universidad de Zaragoza basado en la dieta de animales prehistóricos confirma como el último calentamiento global, en el Mioceno, generó una densa área boscosa en Teruel.

Vista de las inundaciones en el área de Cartama, en Málaga. AFP

eduardo bayona

“Estamos hablando de cambios a escala geológica, de miles de años. El problema es que ahora todo está ocurriendo a una velocidad enorme. Lo que pasaba en miles de años ahora sucede en décadas y, con esa aceleración, las especies no tienen la capacidad de adaptarse a las nuevas condiciones”, explica Daniel de Miguel, investigador de la Fundación Araid (Agencia Aragonesa para la Investigación y el Desarrollo), que ha participado junto con Beatriz Azanza, del departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Zaragoza, y con Jorge Morales, del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, en un estudio que confirma que el último proceso de cambio climático causado por un calentamiento global provocó en Teruel la aparición de densas zonas boscosas en lugar de desertizar la zona.

Los tres científicos han dedicado varios años a reconstruir la dieta de los animales prehistóricos rumiantes que poblaron las cuencas de Teruel y del Alfambra en el tramo final del Mioceno, entre hace nueve y seis millones de años, para lo que analizaron las marcas microscópicas características (patrones de desgaste) que los alimentos dejaron en las dentaduras de los fósiles de varias especies de ciervos y bóvidos, la mayoría de ellas extinguidas al final de ese periodo, procedentes de yacimientos paleontológicos turolenses que se conservan en Dinópolis y en los museos de Ciencias Naturales de Madrid y de Zaragoza.

“Al principio se percibían los afectos de la desertización, con más restos de plantas gramíneas, características de los climas áridos, pero, a partir de hace siete millones de años, quedaba claro que había más humedad”, explica. En ese tramo, previo a una vuelta a la aridez un millón de años después, “aparecieron zonas más boscosas, húmedas y cerradas, con mucha más cobertura arbórea como consecuencia de las mayores precipitaciones”, anota.

Los investigadores se inclinaron por estudiar esa etapa del Mioceno por los paralelismos que el calentamiento global de aquella época mantiene con el que ahora sufre el planeta, para el que los científicos auguran un aumento de la temperatura de 1,5 grados  en los próximos 12 a 24 años. “Ha habido varios procesos de cambio climático con características similares al actual, algunos de ellos con mayores temperaturas incluso como el del Eoceno, (hace 56 millones de años) o el tramo inicial del Mioceno (hace 17)”, indica.

Los efectos generales de los tres desertizadores

Con notables ascensos de las temperaturas, aunque “las consecuencias locales y regionales del cambio climático por calentamiento pueden ser contrarias a las generales”, explica. Eso fue lo que ocurrió en Teruel.

Fenómenos meteorológicos extremos

En este sentido, De Miguel llama la atención sobre fenómenos meteorológicos recientes como las cada vez más frecuentes lluvias torrenciales en varias zonas de España o algo mucho menos habitual, como la incursión de los restos de un huracán en la península Ibérica, donde no había constancia de episodios similares anteriores.

Una de las consecuencias del cambio climático es la aparición de fenómenos meteorológicos extremos, como el encadenamiento de etapas de sequía con temporadas de lluvias torrenciales, entre cuyos primeros efectos se encuentran el aumento de la aridez y el avance de la desertización.

La habitualidad de las lluvias en el tramo central del Mioceno fue lo que provocó la aparición de las zonas boscosas en Teruel, en un proceso de miles de años. “Para que un ecosistema se instale en un territorio y ese cambio pueda detectarse por los dientes de los animales hace falta mucho tiempo”, apunta.

En este sentido, los investigadores se inclinaron por centrar su estudio en los rumiantes, herbívoros, “porque dependen totalmente del entorno para alimentarse, y eso permite detectar los cambios que se producen en ese entorno”, anota. Eso les permitió confirmar cómo las especies leñosas, tanto árboles y arbustos como helechos, iban sustituyendo a las gramíneas en su dieta.
Algunos estudios anteriores realizados sobre fósiles de reptiles y plantas  habían apuntado la presencia de bosques de coníferas en Teruel durante el Mioceno, algo que no ha sido documentado en ningún otro lugar de una Europa en la que en esa época predominaban las estepas, aunque no con la certeza de este último trabajo, recientemente publicado por la revista científica Peleontology

“No es la primera vez que se detectan consecuencias contrarias a lo esperado en un proceso de cambio climático”, explica De Miguel.

Impactos opuestos a escala local y regional

“En general, nuestro descubrimiento de que un episodio local de aumento de la humedad en el centro de España fue sincrónico con una tendencia al calentamiento global en Europa proporciona evidencia de que los mayores cambios climáticos pueden tener un impacto opuesto a escala regional y local”, señala el artículo
Aunque la tendencia global a la aridez de esa etapa de la prehistoria en todo el planeta se ha convertido en un referente “para probar los escenarios actuales y futuros que involucran el calentamiento global”, incluyó en la zona de la que proceden los fósiles “un período de alta precipitación y un pico de humedad (…) que provocó el desarrollo de hábitats más húmedos y más boscosos, lo que sugiere que la visión tradicional del Mioceno tardío como un paisaje de estepa es una idea equivocada”.

"La tendencia en el clima llevó a un incremento de las temperaturas y a procesos de desertización a escala planetaria, lo que cambió drásticamente el tipo de vegetación y moldeó los ecosistemas y comunidades de mamíferos terrestres”, indica De Miguel, por lo que “el final del Mioceno se considera un referente para testar escenarios que impliquen calentamiento global, tal y como estamos experimentando en la actualidad".

El calentamiento global está cambiando los patrones de precipitación a escala planetaria, por lo que el estudio llama la atención sobre la posibilidad de que, pese a tratarse de un evento global de calentamiento y desertización, pueden al mismo tiempo registrarse lluvias torrenciales y aumentos de la humedad a nivel local.

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