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Detalle de un árbol de Navidad. / REUTERS - RUSSELL CHEYNE

Medio ambiente Árbol de Navidad natural o artificial. ¿Has elegido el más sostenible?

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Suele ser una decisión más personal de lo que parece pero si estas navidades queremos optar por la opción más ecológica, llega el momento de dejar las cosas claras. Las claves están en el origen, el tiempo de vida y en cómo se desecha.

Sociedad

Sólo quedan unos días para Nochebuena pero aún hay quien se acerca al puesto de árboles de naturales que hay en el metro de Kilburn (Londres), para comprar el suyo. Michelle no ha tenido ninguna duda: “Lo quiero natural, por supuesto. Es más bonito, más cálido…me gusta el olor. Y no me importa que sea más caro”. Lo mismo piensa Emily, que se gastó 70 euros en el suyo: “es verdad que es mucho dinero así que imagino que habrá gente que no se lo podrá permitir. Pero jamás he tenido un árbol artificial y creo que no me sentiría a gusto con uno".

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Mark, el vendedor, nos cuenta: “sólo la semana pasada vendimos unos 200”. Y aunque le resulta difícil calcular cuantos habrán vendido al final de las fiestas, se atreve a decir que rondarán los 500. “No tengo ninguna duda de que aquí la gente prefiere el árbol natural frente al artificial”.

Con un mercado de árboles naturales que mueve más de 425 millones de euros al año -se compra un árbol de Navidad natural por cada 8 habitantes- y el número de los artificiales en aumento desde hace años, Reino Unido parece un buen lugar para hacerse la pregunta: preferencias personales aparte, ¿sabemos cuál es la mejor opción?

Kenny, responsable de Árboles de Navidad de Yorkshire, confirma que "cuanto mayor es la demanda, más se plantan"

Tanto aquí como allí, generaciones enteras nos hemos criado con la creencia de que tener un árbol natural en casa era poco menos que una salvajada, porque en nuestra cabeza teníamos esa imagen del leñador con el hacha en mitad del bosque gritando “árbol va”. Hubo un tiempo en el que era así, pero hoy día la mayoría de los abetos que se venden como árboles de Navidad han crecido en “granjas” especiales. Un árbol de metro y medio de alto puede tardar una década en crecer pero durante esos diez años habrá sido beneficioso para su entorno. Y cuando lo tale, su responsable plantará al menos uno en su lugar. Oliver Kenny, responsable de Árboles de Navidad de Yorkshire, confirma que “cuanto mayor es la demanda, más se plantan”.

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Vendedor del puesto de árboles de Navidad naturales en Kilburn, Londres. / CRISTINA CASERO

¿Significa eso que ya tenemos un vencedor? Aún no. Porque no siempre se puede elegir dónde ubicar esas “granjas”. A veces depende de la meteorología, otras del terreno o de la tradición. En España, por ejemplo, la mayoría se encuentran en Catalunya, con lo que el traslado a cualquier otro punto del país se traduce en contaminación. Incluso en climas como el de Reino Unido, más adecuados para su desarrollo, el 75% se sigue trayendo desde Noruega.

Pero ojo porque los expertos mantienen que la manera en la que se desecha un árbol real es "mucho más importante que de dónde procede”. Y en esto, el árbol natural juega con ventaja.

Si las autoridades locales se implican y ofrecen un servicio de recogida de árboles como ocurre en Reino Unido, todo es mucho más fácil. En Londres el equivalente a las juntas de distrito los recogen, los trituran y los usan en jardines y parques; la forma más sostenible de deshacerse de un árbol real. Replantarlo -si se ha comprado con maceta- también puede reducir significativamente la huella de carbono que dejaría en hasta un 80% y al quemarlo solo emitiría el dióxido de carbono que almacenó cuando estaba creciendo.

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Pero el 7 de enero muchos árboles naturales siguen acabando en el vertedero -en el mejor de los casos- y otros en mitad de la calle. Que nadie diga que no hemos advertido de que esto es lo peor que podemos hacer. Según el Carbon Trust, un árbol al descomponerse produce una alta cantidad de gas metano, 25 veces más potente como gas de efecto invernadero que el CO2. Sin olvidar lo que apunta Stephen Evans, director gerente de Christmas Tree World: ”cuando los árboles reales se secan, se vuelven muy inflamables”.

El impacto medioambiental a la hora de desecharlo es muchísimo mayor que en el árbol natural

Si llegados a este punto está celebrando haber optado por un árbol artificial, espere un poco más. Es cierto que no ha sido el único y que ha habido un aumento en la venta de árboles artificiales en los últimos años. Pero hay un dato fundamental en contra de la decisión que ha tomado: está hecho con plástico. Justo ahora que empezamos a concienciarnos de que debemos eliminar el plástico de nuestras vidas, ¡¿vamos y lo colocamos en un altar en mitad del salón?!

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Porque el problema de los árboles artificiales empieza con la fabricación. El Dr. John Kazer de Carbon Trust ha analizado la huella de carbono que deja: “Dos terceras partes las deja durante la fabricación del plástico a partir del petróleo y otro cuarto es creado por las emisiones industriales producidas cuando se hace el árbol.” A lo que habría que sumarle las que se producen durante el traslado. Porque no olvidemos que si los árboles artificiales son más baratos es porque la mayoría vienen desde China o Taiwan; un viaje nada sostenible.

Emily con su árbol de Navidad natural. / CRISTINA CASERO

Cierto es que empieza a haberlos fabricados con plástico reciclado y que a su favor juega el que no haya que comprar uno cada año; pero si ese es nuestro argumento para defenderlos, debemos asegurarnos de que lo vamos a amortizar. El Dr. Kazer calcula que “deberíamos reutilizarlo durante al menos 10 Navidades para mantener el impacto ambiental más bajo que el de un árbol real”.

Y aunque en casa de nuestros padres sigamos viendo año tras año el árbol que decorábamos cuando éramos niños, hay quien más tarde o más temprano se deshace de ellos. Y ahí vuelve el problema: el impacto medioambiental a la hora de desecharlo es muchísimo mayor que en el árbol natural, porque la mayoría de los artificiales están hechos de PVC, un plástico muy difícil, si no imposible, de reciclar ya que requiere un tratamiento muy especializado.

Así, un árbol artificial de dos metros de altura dejará una huella de carbono equivalente a aproximadamente 40 kg de emisiones de gases de efecto invernadero; más del doble que el árbol natural que había terminado su vida en el vertedero. Peor aún si muere consumido por las llamas; en ese caso sería hasta 10 veces más contaminante que un árbol real en la misma situación.

Quizá estas navidades acabe imponiéndose el gusto personal de cada uno a la hora de elegir pero que nadie diga que nosotros no lo dijimos: si quiere optar por la opción más sostenible, un árbol natural que proceda de una granja cercana y que sabe que se reciclará adecuadamente, parece ser la mejor elección.

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