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Cristina Villanueva, durante la entrevista./ ISABEL AIRES

Entrevista a Cristina Villanueva, autora de Desplegando Velas Cristina Villanueva: "Necesitaba saber que lo que me pasaba como mujer no era culpa mía"

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La presentadora de informativos de fin de semana de La Sexta cuenta en su primer libro su viaje más personal hasta reconocerse feminista. "A las mujeres no nos queda otra que sentirnos, vernos y reconocernos como feministas. El mundo en el que vivimos, manejado por el patriarcado, hace que no nos quede otra". Sus páginas son un ejercicio de sororidad y de diálogos con mujeres como Zaida Cantera, Lucia Méndez, Carina Szpilka, Icíar Bollaín, Laia Sanz o María Blasco, en los que todas ellas se reconocen en la misma mujer. La que lucha contra la desigualdad y por ser feliz.

Sociedad

Quitarse todo el peso que llevaba cargando y reconciliarse consigo misma. Ese es el doble y necesario ejercicio que la periodista Cristina Villanueva acaba de hacer con su primer libro Desplegando Velas. Unas páginas que le han servido para entender que sin el feminismo, no hay mundo que valga porque solo con él la brújula que marca el rumbo hacia la igualdad real de derechos y oportunidades, nos construye como mujeres.

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Su título es un ejercicio de valentía, una lección en primera persona que sirve para el nosotras. Sin anestesias y a corazón abierto, hace casi seis años decidió mirarse al espejo para dar con la mujer que es y no con la que se ve. "Cuando me busqué no supe encontrarme. ¿Dónde estaba mi yo? Ahora sé que estaba ahí y yo andaba perdida. Este es un proceso de aprendizaje interior: son heridas de género; estaban ocultas en mi mente y me dolían", explica a Público frente a un café.

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Y así, con el mismo escozor que la sal produce en la herida, la periodista que aprendió durante diez años el oficio de contar realidades en TVE para dar después el salto a La Sexta, ha sanado su dolor. "Lo más importante que he aprendido en este viaje al centro de mi yo es que las etiquetas no te pueden frenar. De ahí la importancia de superar los estereotipos y de saber reconocer la discriminación machista que impregna el imaginario colectivo, también el de las mujeres, y que es inconsciente. La realidad es que ser mujer resta y ni siquiera nos lo han dicho. Tenemos que ser conscientes de ese muro de cemento y deconstruirlo ladrillo a ladrillo, fila a fila. Debemos ser conscientes de las diferencias que nos hacen valiosas para la sociedad y para ejercer el poder, vetado desde tiempos ancestrales a las mujeres. Descubrí lo duro y caro que les ha costado el éxito a mujeres relevantes de hoy, un camino que merece la pena ser contado para que las mujeres del futuro no lo reproduzcamos", reconoce.

Cristina Villanueva firma ejemplares de su libro durante el acto de presentación./ ISABEL AIRES

Fuera culpas

Villanueva define Desplegando Velas como un libro "descarnado" y aunque confiesa que le da "entre miedo y apuro" que ahora todos sepan la mujer que es, "la que se mueve en un mar de dudas, la que se descoloca por dentro para encontrar su lugar en el mundo", da por bien empleado su ejercicio como escritora. "En él quiero contar mi viaje hasta reconocerme la mujer feminista y fuerte que hoy soy".

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Doscientas páginas que la reconocida periodista comenzó a escribir hace seis años para quitarse angustias. "Escribo porque necesitaba saber que lo que me pasaba como mujer no era culpa mía. En la vida hay que poner nombre a las cosas. Necesitaba saber que por tener talento no tenía que pedir perdón constantemente. Este libro ha sido una batalla contra mí misma. Contra el síndrome de la impostora que desde siempre me ha acompañado. Ha sido una lucha contra mis propias barreras. Esas que vienen desde que era pequeña donde se me educó a ser la niña que siempre daba las gracias por todo, que servía a todo el mundo y la que en el fondo no creía en todo lo que valía. Este libro me ha hecho sentirme poderosa. Ha sido un ejercicio de empoderamiento", reconoce Villanueva.

Preguntada si la culpa y cómo zafarse de ella son el eje vertebrador de su libro, Villanueva reconoce que sí. Es la culpa que la envuelve a ella, pero también al resto de las mujeres que, con su testimonio, aparecen en él como reflejo de todas. Son Zaida Cantera, Lucia Méndez, Carina Szpilka, Icíar Bollaín, Laia Sanz y María Blasco. "Al escribir me he dado cuenta que inicié un proceso de empoderamiento personal que lleva al colectivo. Ahora despliego mis velas y me siento ligera. Ya no cargo con ese peso constante que tenemos las mujeres", resalta la periodista.

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Un peso que fue más agobiante para ella en el momento de la maternidad. "Luchaba contra ella porque si hasta entonces era la mujer que tenía que ser, la mujer diez que se cultivaba como autodidacta y como profesional para llegar a todo, en el momento de ser madre ese sentimiento era más aplastante. Quería ser la perfecta en todo. Como madre, como mujer, como profesional, como amiga… Me sentía débil porque no podía controlar todo como había hecho hasta ese momento. Hasta que me rendí. Entonces me di cuenta que la maternidad era eso. Disfrutar del momento. Y que si me perdía de vivir momentos como la periodista que era, no pasaba nada. Que lo importante era ser madre", añade.

Así ha sido como Villanueva ha entendido que ser madre en lugar de restarle le ha sumado a más no poder. "La maternidad no es un yugo de control que me resta. Al revés. Siento que soy mejor persona, mejor mujer y también mejor profesional que mis compañeros y compañeras que no lo son, porque he aprendido a gestionar todo desde la mayor organización, desde la gestión de los conflictos, desde la creatividad. He aprendido a ver muchas cosas que antes no veía y que me han enriquecido como nunca pensé", resalta.

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De izquierda a derecha: Lucía Méndez, Cristina Villanueva y José Miguel Contreras en el ecto de presentación de 'Desplegando velas',/ ISABEL AIRES

Hombres que amen a las mujeres

Pero Desplegando velas no va solo de mujeres. Va de la otra mitad. "Sin embargo, no quería que ellos, una vez más fueran los protagonistas", recalca la autora. Por eso interpela a los hombres para que abandonen el personaje de macho alfa y sean las personas que aman de verdad al otro género. "No basta con que los hombres nos respeten para que podamos tener lo mismo que tienen ellos. Hay hombres que en su matrimonio o en su relación demuestran no respetar a sus mujeres. Por eso digo que necesitamos que los hombres nos amen de verdad. Solo desde ahí todos ganamos. Necesitamos hombres que amen los sueños de cada mujer y que nos acompañen a cumplirlos", comenta a Público.

Acosada y con el miedo a ser violada

Las páginas de su libro también descubren vivencias poco gratas como las del acoso que su autora vivió con 13 años, mientras iba de copiloto en la furgoneta de su madre para que hiciese unas gestiones y no la multasen. Fue entonces cuando un hombre la manoseó. "No recuerdo nada más, salvo que visto un top de color marino de manga hasta el codo. Un top que deja mi ombligo al aire. Aquel hombre pasa al lado de la furgoneta, me ve, vuelve tras sus pasos, mete su mano por el hueco de la ventanilla y la posa sobre mis tetas. Y yo me congelo mientras un hervor de ira y vergüenza recorre todo mi cuerpo", describe.

Un acoso que Villanueva no contó a nadie, pero del que sigue sintiendo asco y le hace pensar en sus hijas. "Fue darme cuenta de que mi cuerpo deja de ser un cuerpo para convertirse en objeto de deseo sexual". Dicho incidente lo guardó a cal y canto en el baúl de sus recuerdos hasta que, de repente ,con cuarenta años- durante una cena con sus amigas, una de ellas confesó que había sido violada- lo volvió a desempolvar. "Entonces mi cerebro regresó a aquel momento que había enterrado en mi memoria". Un momento que, aunque no le hizo un daño irreversible, ahora le hace entender que le hizo cambiar su forma de vestir. "Me sentí sucia por lo que me había pasado. Como si yo tuviese la culpa de lo que había sucedido. Era una niña y me sentí sucia por despertar los bajos instintos en alguien. Nunca más me puse un top en la calle. Cambié hasta mi forma de vestir. Me ponía ropa ancha. No quería que nadie intuyese mi cuerpo", confiesa.

Otro miedo que Villanueva también rescata durante la conversación con Público es el de ser violada. Un recelo que le viene del triste y dramático suceso con las niñas de Alcasser. "En aquellos momentos, cuando sucedió todo, yo vivía en una zona de montaña en Barcelona y me bajaba del tren de cercanías. Tenía la opción de hacer autostop y tardar dos minutos en llegar a casa o caminar casi media hora por unas cuestas inmensas. Mis padres me prohibieron entonces volviera a subir en el coche de nadie. Entonces empecé a sentir el miedo a ser violada. No podía entender cómo las mujeres que sufren una violación pudieran sobrevivir a ella. Yo pensaba que era mejor morir a sobrevivir a eso", reconoce.

Unos miedos que, la periodista recalca, nunca han sentido los hombres pero que al mismo tiempo le están haciendo reaccionar a cada vez mayor número de ellos. "Tengo amigos que han preguntado entre sus amigas si en algún momento les han molestado o han tenido comportamientos de acoso. Son los hombres que no se reconocen en todo ese dolor que el machismo causa en la casi totalidad de las mujeres. Son hombres que se sienten sucios y que se están dando cuenta de esa desigualdad brutal y no quieren seguir cooperando con ella", describe.

Por último, preguntada por el ahora qué después de que el libro haya dejado que su historia deje de ser suya para ser la de todos y todas, Villanueva responde rauda y segura. "Ahora tengo muchas ganas de no rendirme. Antes me rendí demasiadas veces. Quiero hacer todo lo que pueda y esté en mis manos para abrir camino a las demás mujeres. La sororidad se ha convertido en mi causa. Quiero animar a todas a encontrar su talento. Ya tengo mis planes pensados. Quiero hacer entender a todas las mujeres que dicen que no son feministas que sin feminismo nunca serán libres. Que hombres y mujeres nos merecemos lo mismo y que solo hay un camino para lograrlo, el de la igualdad", finaliza.

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