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Una chica joven fumándose un cigarro. Foto: VALENTIN OTTONE / FLICKR

El tabaco rompe tus huesos

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La mala salud de los huesos acorta la vida. Las fracturas van deformando el esqueleto, duelen y deterioran la calidad de vida. Estas dolencias se relacionan con el envejecimiento y la menopausia, pero cada vez hay más jóvenes con osteoporosis. El consumo de cigarrillos puede actuar como desencadenante.

Sociedad

Cada año fallecen en nuestro país unas 52.000 personas por causas relacionadas con el consumo de tabaco. De cada dos jóvenes adolescentes que se inician en su consumo, uno de ellos fallecerá precozmente. Además, el tabaco es el responsable del 30% de todas las muertes producidas por cáncer y del 85% de todas las muertes causadas por cáncer de pulmón. Si la Parca no te asusta y no encuentras en estas amenazas [bien documentadas] la motivación suficiente para dejarlo, debes saber que también empeora tu calidad de vida. Radicalmente, además.

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La nicotina entra en la circulación y altera el metabolismo óseo. Cuando el humo penetra en el organismo, es capaz de dañar a los pulmones, al cerebro, a las arterias... y también a los huesos. Según los datos de la Academia Americana de Cirugía Ortopédica (AAOS), los fumadores experimentan una disminución en la densidad mineral ósea que aumenta el riesgo de fracturas. "El consumo de tabaco es tóxico para los huesos e inhibe la actuación de las células que lo regeneran, de manera que incluso la recuperación de una fractura puede ser más complicada", explica José Luis Andréu, presidente emérito de la Sociedad Española de Reumatología y jefe de Servicio de Reumatología del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Majadahonda, Madrid). 

Los fumadores tienen un riesgo 2,3 veces mayor de que sus fracturas de huesos largos -como el fémur o la tibia- no se consoliden adecuadamente tras un accidente, según los datos que maneja la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología. En una monografía sobre este tipo de roturas óseas se recoge que entre estos pacientes también es más frecuente que la curación se prolongue más. De media, los fumadores tardan 32 semanas en recuperar su movilidad, frente a las 25 registradas entre los no fumadores, e incluso se arriesgan a que aparezca una infección, ya que las alteraciones en la vascularización y la falta de oxígeno que habitualmente presentan los pacientes fumadores, también puede favorecer la proliferación de microorganismos.

La fragilidad ósea no es cosa de viejos

La mala salud de los huesos acorta la vida. Las fracturas van deformando el esqueleto, duelen, pueden llegar a limitar la capacidad respiratoria y deterioran la calidad de vida. Este vía crucis se relaciona habitualmente con envejecimiento y la menopausia, pero cada vez se dan más casos de osteoporosis en jóvenes.

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La adolescencia es una etapa clave para alcanzar el mayor nivel de masa ósea del organismo, un proceso que en las niñas se produce entre los 11 y los 14 años, mientras que en los chicos sucede entre los 13 a los 17 años, pudiendo prolongarse más lentamente hasta los 20. Sin embargo, hay factores que pueden interrumpir la normalidad fisiológica ósea y favorecer tanto la aparición de esta patología, como una alimentación inadecuada, la inactividad o, una vez más, el consumo de tabaco. 

"Sabemos que la adicción al tabaco, siendo perjudicial en todas las edades, es especialmente peligrosa para los organismos en desarrollo. Por eso es tan importante intentar evitar que la población joven se haga adicta al tabaco", señala el doctor Andréu. "Además, su consumo se asocia a una menor actividad física, lo que también empeora para la salud ósea", añade.

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Según los datos oficiales del Ministerio de Sanidad, el 31,4% de los estudiantes de 14-18 años fumó tabaco en los 12 meses anteriores y la edad media de inicio es 13,9 años. No solo ellos sufrirán las consecuencias, los que les rodean también. "Un reciente estudio finlandés ha puesto de manifiesto que los menores expuestos pasivamente al humo del tabaco presentan, tras casi 30 años de seguimiento, una peor salud ósea, con unos niveles de masa ósea más reducidos cuando se comparan con adultos que no estuvieron expuestos al humo del tabaco a esa edad", indica el presidente emérito de la Sociedad Española de Reumatología (SER).

Todavía existen pocos estudios sobre osteoporosis en población joven. Se estima que su incidencia es menor al 1%. "El porcentaje puede parecer bajo, pero la pérdida de masa ósea es silenciosa y deben sufrirse fracturas frecuentes antes de llegar a un diagnóstico", advierte el jefe de Servicio de Reumatología del Hospital Universitario Puerta de Hierro.

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...Y hay accidentes peores que las fracturas: el cardiovascular

Asimismo, el humo del tabaco genera unas complejas reacciones biológicas en el organismo, especialmente en los pulmones, que conducen al desencadenamiento de fenómenos autoinmunes y al desarrollo de la enfermedad. "Produce un desajuste del sistema inmunitario, lo que provoca que ataque a estructuras propias en vez e protegernos frente a los agentes patógenos", explica Andréu.

Entre sus compuestos activos, un cigarrillo incluye radicales libres que pueden llevar a la inflamación vascular o al desarrollo de enfermedades sistémicas como la osteoporosis, el lupus o la uveítis [enfermedad responsable del 10% de las pérdidas de visión], al tiempo que favorece que progresen las espondiloartritis [enfermedades reumáticas inflamatorias que causan artritis], agrava la fibromialgia [dolor musculoesquelético generalizado] e incrementa significativamente el riesgo de que los pacientes con enfermedades reumáticas sufran enfermedades cardiovasculares.

"Existe un riesgo inherente debido al propio fenómeno inflamatorio de las enfermedades reumáticas. Si a ello unimos el hábito de fumar, el riesgo de sufrir un accidente cardiovascular se potencia significativamente en estos pacientes", ha señalado el presidente emérito de la SER, José Luis Andréu.

En el caso de la artritis reumatoide, se ha demostrado que el tabaco es el principal factor exógeno que predispone a la enfermedad, y multiplica por cuatro el riesgo de padecerla, frente a población control que no fuma. "Y si hablásemos del caso de un hijo de un paciente con artritis que fume, el riesgo sería casi diez veces mayor", recuerda Andréu.

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