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El sinhogarismo en Australia permea la realidad de 8.000 personas en situación de vulnerabilidad.

Beddown Dormir en parkings: el parche australiano contra el 'sinhogarismo'

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Una iniciativa individual australiana propone habilitar espacios que no se utilizan durante la noche para dar cobijo a quienes duermen en las calles. Pero, ¿tendría viabilidad importar esta iniciativa a España?

Sociedad

Vivir en la calle es una desavenencia del destino de la que nadie puede asegurar que vaya a librarse. Hace cuatro décadas, el padre de Norman McGillivrai fallecía en las calles de Londres con apenas 42 años, tras verse abocado a quedarse sin hogar después de perder su trabajo y de la ruptura de su matrimonio. Casi medio siglo después, su hijo ha sacado adelante una iniciativa que está revolucionando Australia, el país en el que vive.

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Beddown es un proyecto dedicado -a través de la acción de voluntarios, de donaciones y de la colaboración de distintas entidades- a habilitar espacios que, aunque durante el día cumplan la función para la que fueron concebidos, por la noche se vacían. Y entonces, McGillivrai y su equipo los transforman en una opción de pernocta segura que ofrecer a las personas sin techo. El sinhogarismo en Australia permea la realidad de 8.000 personas en situación de vulnerabilidad que cada noche la pasan expuestas al frío, a los robos y a todo tipo de agresiones.

Esta iniciativa comenzó a hacerse realidad en el primer trimestre de 2019 en la ciudad de Brisbane y, por ahora, han logrado implementarla en varios aparcamientos de coches de titularidad privada. A la hora de echar el cierre, comienza todo un despliegue de camas, con sábanas, mantas, almohadas y otros enseres de higiene y cuidado, además de atención médica y de enfermería, que harán de esa velada una más digna y tranquila para quienes no disfrutan del derecho a un hogar.

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Hasta el momento, según los datos facilitados por Beddown a Público, 41 personas, de las cuales el 77% han sido hombres, han sido invitadas a experimentar esta puesta en escena que podría cambiar la realidad material de tanta gente. La valoración media que han hecho sus usuarios ha sido de 4.5 puntos sobre 5, aunque la mayoría no pasó allí más de una noche debido a que la capacidad provisional que tienen en la actualidad es únicamente de nueve plazas.

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En España, el sinhogarismo afectaba a 23.000 personas en 2012, según los últimos datos ofrecidos por el INE

En España, el sinhogarismo afectaba a 23.000 personas en 2012, según los últimos datos ofrecidos por el INE. Desde entonces, no se ha vuelto a realizar ninguna encuesta oficial al respecto. En 2019, lo que sí se ha publicado es la encuesta sobre Centros y Servicios de Atención a Personas sin Hogar de 2018, en la que se indica que son 18.001 los alojados de media diariamente en este tipo de centros, nueve puntos y medio por encima de lo reflejado en 2016. El número de plazas disponibles era de 20.219 en todo el territorio nacional, de las cuales 6.742 se correspondían a oferta pública y 13.477 a oferta privada. Aun así, de los 742 centros, el 82,4% estuvieron financiados única o predominantemente por las Administraciones Públicas.

Son múltiples, diversas y muchas veces incatalogables las casuísticas a las que hacer frente en lo relativo al sinhogarismo. ¿Podría entonces una iniciativa como Beddown tener cabida en nuestro país para hacer frente a las deficiencias del sistema actual?

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“La solución es el acceso a una vivienda estable”

Barcelona es una de las ciudades de España más afectadas por el sinhogarismo. Una noche cualquiera, más de un millar de personas pasan la noche en la calle. Desde el Ayuntamiento han doblado las plazas en los centros residenciales y ya superan las 2.100. Asimismo, tejen planes de prevención en coordinación con hospitales y prisiones, para que nadie pueda ser dado de alta de estos centros sin tener asegurada una alternativa habitacional.

“La solución para salir de la calle es el acceso a la vivienda de manera estable, donde dispongan de su intimidad y su estabilidad”

“Queda mucho por hacer”, señala Albert Sales, asesor del consistorio en esta materia, que también marca el camino a seguir. Sobre la propuesta de McGillivrai puntualiza que “la solución para salir de la calle es el acceso a la vivienda de manera estable, donde dispongan de su intimidad y su estabilidad”. Intimidad como factor de calidad esencial para “superar el alberguismo”, caminando hacia un sistema de habitaciones privadas y microapartamentos. En la Ciudad Condal también avanzan hacia la flexibilidad, tanto de las estancias, como de los horarios de las comidas, ya que cada vez es más común que las personas que viven en un centro residencial temporal tengan un empleo.

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Insiste Sales en que la finalidad de cualquier proyecto que busque dar cobijo debe ser el acceso a una vivienda estable, porque el sinhogarismo no es un problema individual: existen “causas estructurales” y, en su opinión, habilitar plazas de parkings para que se pueda pernoctar “empeora aún más la experiencia de los albergues”. “Se intenta gestionar la miseria porque, al ver a gente viviendo en la calle, nos incomodamos”, subraya. Público ha intentado en varias ocasiones ponerse en contacto con el Ayuntamiento de Madrid sin recibir respuesta.

“Cada noche cuenta”

Rita es secretaria de la Asociación de Personas Sin Techo Chupano y lleva ocho años vinculada a la realidad del sinhogarismo. Ejerce como secretaria de Chupano, fundada en el madrileño primer Patio Maravillas y en pleno bullicio del 15-M por Francisco del Pino, conocido entre el colectivo como El Papi. La conforman, en su mayoría, quienes protagonizan lo que significa estar en situación de calle.

“Es el Gobierno quien debe garantizar la cobertura de estos servicios con nuestros impuestos”

“Actualmente los servicios sociales están saturados y las personas de a pie o las empresas privadas no deberían paliar este problema”, reivindica Rita. “Es el Gobierno quien debe garantizar la cobertura de estos servicios con nuestros impuestos”, incide. Aun así, desde su visión, una iniciativa como Beddown puede sacar de la calle a mucha gente, sobre todo si los parkings habilitados se sitúan en zonas céntricas, donde más se concentra esta problemática. “A veces se van hasta el aeropuerto o hacia otros lugares inverosímiles solo para poder dormir”, denuncia.

Incluso siendo una medida temporal y paliativa, para ella “la diferencia que hay entre pasar una noche en un parking o en la calle es una cuestión de protección, de acompañamiento al reunirse con más gente, de no tener que pasar frío”. Y aporta “dignidad”. “Para quienes están en situación de calle, cada noche cuenta”, sentencia. “Si además estos espacios ofrecen la posibilidad de poder usar los servicios es un plus, porque estas personas suelen tener que recurrir a cafeterías para asearse”, añade. Pero, sin duda, lo esencial es que poder pasar la noche “tranquilos” y tener un sueño “reparador para lograr encarar el día”.

Además, desde la perspectiva de género, pasar la noche a cubierto toma carices aún más concretos, ya que, aunque sean menos las mujeres que se hallan en esta situación, pues suelen disponer de un mayor capital social y de redes con las que evitar la calle, el peligro al que quedan expuestas es incluso mayor: violaciones, agresiones sexuales o acoso forman parte de la cotidianidad de las afectadas. “A veces tienen que recurrir a meterse en un bar e irse con alguien para dormir en algún sitio, aguantando el mantener relaciones sexuales con ellos; se agarran a un clavo ardiendo”, denuncia la secretaria de Asociación Chupano.

Por otro lado, podrían surgir dudas con respecto a la legalidad de estas iniciativas. Ignacio Palomar Ruiz, de Servilegal Abogados, explica que, en sí, no es ilegal que empresas o entidades cedan sus plazas de parking para este tipo de acciones benéficas. “En este caso se estaría publicitando, cediendo y ofreciendo un espacio de cara a la pernocta de personas, lo que nos lleva a que el lugar debe ser habitable para este uso”, remarca el jurista. Para ello sería indispensable una cédula de habitabilidad o, en el caso de la Comunidad de Madrid, la licencia urbanística de primera ocupación. En cualquier caso, si finalmente se decidiera llevar a cabo, habría que poner especial atención en cumplir con los suministros que debe poseer un lugar habitado y los requisitos básicos de salubridad y seguridad. Palomar insiste en que un seguro de aparcamiento, en principio, no abonará indemnizaciones por posibles casos de fuego, agua, caídas, y responsabilidad civil en general, si no se trata oficialmente de una vivienda.

“Las personas sin hogar son la expresión más brutal de la desigualdad que vivimos”, asegura Albert Sales. Y es que, como señalaba Rita, “acabar en la calle es una tómbola”.

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